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La Izquierda Diario
26 de noviembre de 2020 Twitter Faceboock

DEBATE ORGANIZADO POR EL FIT-U A 80 AÑOS DEL ASESINATO DE TROTSKY
Un debate relevante
Christian Castillo | @chipicastillo

El viernes 21 de agosto se realizó la charla debate en homenaje a Trotsky a 80 años de su asesinato, convocada por el Frente de Izquierda Unidad de Argentina. Presentamos en este artículo algunas conclusiones del debate.

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El viernes 21 de agosto se realizó la charla debate en homenaje a Trotsky a 80 años de su asesinato, convocada por el Frente de Izquierda Unidad de Argentina. Esta actividad fue realizada en el marco de la Conferencia de Latinoamérica y Estados Unidas realizada tres semanas antes. Más allá de elementos de forma que pueden mejorarse (por ejemplo, incorporar un breve derecho a réplica para responder a los otros oradores o puntualizar más precisamente los ejes del debate), creemos que debates de este tipo son de primer orden para la militancia y simpatizantes de la izquierda. Permiten clarificar posiciones y debatir sobre temas estratégicos centrales.

Tanto en la Conferencia como en esta charla debate el FIT-U mostró la capacidad de realizar discusiones francas, no diplomáticas, sin que esto signifique no seguir actuando en común en los puntos en los que hay acuerdos. De ahí que distintos sectores de la izquierda a nivel internacional hayan valorado estas iniciativas, más allá de que las diferencias constatadas siguen siendo de relevancia, como señalamos en “Un primer balance de la conferencia virtual de América Latina y de los EE.UU”.

Entre quienes participamos hubo coincidencia en la reivindicación del rol histórico de Trotsky. Las diferencias estuvieron en lo que hace a la valoración del movimiento trotskista en la posguerra y a la política a desenvolver hoy para avanzar en construir partidos revolucionarios en los distintos países y avanzar en la reconstrucción de la IV Internacional.

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Una vez más sobre el NPA en Francia

En el debate, el PO insistió en presentar como parte de lo mismo a fenómenos de naturaleza diferente, como el Frente Amplio peruano (similar a lo que fue “Proyecto Sur” en Argentina), el PSOL en Brasil o el NPA en Francia. Para quien no es parte de ninguna tendencia internacional, basta con considerar groseramente que “todos los gatos son pardos”.

Quizás ahora que el PO está en discusiones con una de la corrientes de la izquierda del NPA, L’Etincelle, más conocida como la Fraction de Lutte Ouvrière (FLO), entienda que el NPA no es en Francia el equivalente de Podemos, al que si es equiparable el partido encabezado por Jean-Luc Mélenchon, La France Insoumise. La FLO fue una fracción pública aceptada de LO entre 1996 y 2008, cuando se sumó a la fundación del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA).

Ya en el debate del viernes 21 le mencionamos a Rafael Santos la visión falsa que presenta del momento en que surgió el NPA, que expresó un fenómeno contradictorio. Por un lado, expresaba en la dirección de la antigua Liga Comunista Revolucionaria (LCR) un giro a derecha de esta hacia un partido “anticapitalista” sin definición estratégica, como forma de tratar de capitalizar la simpatía que había causado la candidatura de Olivier Besancenot en las elecciones presidenciales de 2007. Allí obtuvo en la primera vuelta 1.498.581, el 4.08%, siendo el candidato más votado por izquierda fuera del Partido Socialista, aventajando a José Bové, al Partido Comunista Francés, a Nathalie Artaud de LO y a Daniel Gluckstein del PT (lambertista) [1]. Al permitir el ingreso tanto de nuevos miembros sin organización como de tendencias organizadas, el NPA tuvo una explosión militante inicial, pasando de los 3000 que tenía aproximadamente la LCR en aquél momento a más de 9.000 miembros, que buscaban una salida “a la izquierda de la izquierda” del PS y el PCF.

Los compañeros que entonces eran simpatizantes de la FT-CI en Francia, y luego organizaron junto a otros militantes la actual Corriente Comunista Revolucionaria (CCR), se incorporaron al NPA criticando desde un primer momento las bases programáticas fundacionales del partido, planteando que tenía que ser un partido revolucionario de trabajadores, sin ambigüedad estratégica y defendiendo el derecho a una publicación propia para pelear por esa perspectiva.

A poco de fundarse el nuevo partido, el proyecto que tenía la mayoría de la antigua LCR se chocó con el surgimiento del bloque en el Front de Gauche (FG) entre Mélenchon y el PCF, que ocuparon el espacio que en el Estado Español llevó al surgimiento de Podemos y en Grecia a Syriza. Esto provocó la salida del NPA hacia el FG, en distintas tandas, de buena parte de los dirigentes y militantes que venían del ala mayoritaria de la LCR. Hubo también una serie de derrotas importantes en la lucha de clases, tanto bajo Sarkozy como bajo el gobierno social liberal de Hollande que lo sucedió, que explican el retroceso militante. En estos años el NPA tuvo el mérito de mantenerse independiente de Mélenchon, algo por lo que batalló persistentemente el ala izquierda del partido que, por el contrario, empujó un bloque con LO al que esta organización se negó sistemáticamente.

En los últimos años la situación de la lucha de clases comenzó a cambiar. Primero, en 2016, con “nuit debout” (todavía bajo el gobierno de Hollande); luego, ya con Macron en la presidencia, la emergencia de los “chalecos amarillos”, primero, y finalmente la gran lucha obrera contra la reforma previsional. En todos estos hechos nuestros camaradas de la CCR, que editan Révolution Permanente, tuvieron un rol muy activo y lograron un importante fortalecimiento militante y en influencia política. También otras tendencias de la izquierda del NPA ganaron más fuerza, mientras el sector mayoritario se debilitó.

La amenaza de escisión planteada por la actual mayoría es una respuesta directa a la nueva relación de fuerzas interna, causada no por un proceso electoral sino resultado directo de la intervención en la lucha de clases. Para cualquiera que intente construir un partido revolucionario en Francia, todo esto es de relevancia central, como lo es ahora agrupar fuerzas entre las tendencias de la izquierda del partido para enfrentar la línea escisionista de la mayoría, que podría llevar al estallido y dispersión de una organización que incluye a una de las principales tradiciones que se referencian en Francia en el trotskismo.

Para quien se limite a hablar desde el otro lado del Atlántico y sin responsabilidad alguna, nada de esto sin embargo parece relevante. Mal harían los compañeros de L’Etincelle en escuchar los “consejos” de PO, que en lo que hace al NPA no se diferencia en nada de lo que dice Altamira y hemos criticado.

Por último, Santos defendió el método con el que se puso en pie la CRCI, incluso afirmando que la Tercera Internacional se había fundado en base a dos puntos (¿?) y no con un programa. Sin embargo, sus esfuerzos por refutar la crítica al PO por “nacional trotskista” resultaron infundados. Siguió sin dar un solo argumento de cómo explican el fracaso completo de la CRCI y que el PO no cuente prácticamente con socios o aliados en el terreno internacional.

Táctica y estrategia

Otra discusión es con los compañeros del MST y la LIS. Ante las críticas recibidas en la Conferencia y en el curso del debate por su participación pasada en Argentina en Proyecto Sur de Pino Solanas y el partido de Luis Juez en Córdoba, así como internacionalmente en proyectos neoreformistas como Syriza y Podemos, o haber sido parte del gubernamental PSUV en Venezuela (así como por haber marchado junto a la Sociedad Rural y la Mesa de Enlace durante el conflicto por las retenciones agrarias de 2008), Alejandro Bodart reivindicó estas intervenciones como “tácticas” en función de lo que sería la estrategia de “la construcción del partido revolucionario”. Según su particular interpretación toda táctica sería lícita si permite un fortalecimiento de la organización [2].

Esta posición para Bodart se basaría en una aplicación de lo que Nahuel Moreno había popularizado como los dos problemas estratégicos en función de lo que tenía que medirse toda táctica: movilizar a las masas y construir el partido. Si la posición de Moreno ya era una simplificación que dejaba el campo abierto para cualquier “táctica”, lo de Bodart muestra que, más allá del paso progresivo de haberse unido al Frente de Izquierda en Argentina, el MST sigue defendiendo posiciones que son preocupantes no por un balance del pasado sino hacia el futuro.

No toda táctica es válida para construir un partido revolucionario. Hay tácticas principistas y tácticas oportunistas. Trotsky, por ejemplo, no opinaba que era correcto participar en los “frentes populares”. Y esto más allá de que, en su momento, millones de trabajadores se ilusionaban con ellos. La firma del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) del “Pacto Electoral” del Frente Popular en España fue para Trotsky una capitulación que lo llevó a la ruptura con Andrés Nin y sus seguidores. Esto en tanto integrarse al Frente Popular implicaba para el POUM firmar un programa de colaboración de clases, lo que Trotsky consideraba inadmisible. Si fuese Bodart, Nin podría haber dicho que su participación era “táctica” y con el objetivo de “construir el partido”. Trotsky no hubiese estado de acuerdo, aunque el POUM se fortaleció organizacionalmente en un inicio, al punto de contar con unos 10.000 milicianos [3] en los comienzos de la guerra civil, aunque luego pagó caro el precio de su estrategia centrista.

Para Trotsky, la táctica de participar del Frente Popular iba en contra de la estrategia de construir partidos revolucionarios. Lo mismo opinaba de la entrada posterior de Andrés Nin como Consejero de Justicia al gobierno de la Generalitat. Y esto lo decía quien años antes había batallado por el frente único de los partidos obreros contra el fascismo y poco antes había alentado el “entrismo” en los partidos socialistas (el llamado “giro francés”) cuando entraban obreros radicalizados a sus filas (Francia, España) o para tener un lugar desde el cual mejor batallar contra el stalinismo (Estados Unidos). Es decir, alguien que, lejos de cualquier sectarismo, una y otra vez les planteaba a sus seguidores que había que tratar de encontrar un camino para ligarse a las masas.

“Tener política” hacia los fenómenos que surgen no implica tener que incorporarse a los mismos, como sostiene el MST. Eso depende, en primer lugar, del tipo de fenómeno del que estemos hablando. Para nosotros, la participación en partidos que no son directamente revolucionarios puede ser admisible en determinadas circunstancias, por ejemplo, si se trata de algún tipo de partido de masas de la clase obrera o si, siendo un fenómeno de vanguardia, tiene una definición programática socialista o anticapitalista. No lo es, por el contrario, si se trata de un movimiento “ciudadano” sin referencia de clase con programa centroizquierdista o de dirigentes desprendidos circunstancialmente de los partidos tradicionales que gozan de cierto reconocimiento electoral transitorio.

Además del contenido político y social del partido o movimiento que se trate, la táctica depende de la fuerza con la que contemos, de su relación con la vanguardia y las masas obreras, de las condiciones para participar en esas fuerzas, entre otras. Es decir, del análisis concreto de la situación concreta, como señalaba Lenin. Hay todo un arsenal táctico desarrollado por el marxismo revolucionario que podemos considerar en cada caso, partiendo de que un punto central para explorar esta posibilidad es si aumenta la confianza de la clase trabajadora en sus propias fuerzas.

Con los compañeros del MST creemos que el balance es claro, más allá de la defensa que hagan de sus opciones políticas. ¿Qué ayudó a la lucha por la independencia de clase en Argentina? ¿La participación en Proyecto Sur o en el partido de Luis Juez o la formación del FIT? La respuesta es tan clara y contundente que el MST se tuvo que integrar el año pasado al Frente de Izquierda (algo que, insistimos, celebramos) después de intentar atajos varios que no le dieron resultado.

En su cierre, Bodart planteó que entre las cuatro fuerzas que estuvimos en el debate, mientras el MST planteaba que siempre había que entrar de alguna manera a los fenómenos que se desarrollaran y el PO supuestamente “nunca”, el PTS e Izquierda Socialista decíamos “depende”. Más allá de que la realidad no es de este modo en todos los casos (el PO apoyó el “entrismo” de Causa Operaria en el PT de Brasil durante once años y la participación del hoy PCL de Grisolía y Ferrando en Refundación Comunista en Italia, aún mientras esta fue parte de la coalición gubernamental en la Cámara de Diputados), en lo metodológico efectivamente la respuesta es, aún cuando se den las condiciones mínimas que mencionamos antes, “depende”, o sea, el análisis concreto de situaciones concretas que antes mencionábamos, que no es otra cosa que el arte de la política revolucionaria.

En lo que hace al terreno internacional, el MST también sostiene una postura organizativista, de que el problema es no ser “partidos madres” y “respetar las distintas tradiciones”. Pero cualquiera que conozca la tradición de los bolcheviques en la Tercera Internacional verá que no actuaban de esa manera sino que discutían abierta y acaloradamente las políticas de los partidos comunistas en los Congresos y reuniones. Una visión de estos debates sobre la política de los PC alemán, francés e italiano pueden verse en Los cinco primeros años de la Internacional Comunista de Trotsky [4].

A su vez, la fundación de la IV Internacional fue producto de una lucha política de Trotsky alrededor de establecer un programa no de puntos generales sino que expresara las lecciones revolucionarias fundamentales de la lucha de clases. El Programa de Transición es justamente un documento que sintetiza estas batallas. Esta pelea incluía el intento de atraer hacia este objetivo a organizaciones que Trotsky consideraba “centristas” (es decir, oscilantes entre la reforma y la revolución) y que por distintas circunstancias podían adquirir un curso progresivo, como fue el intento con el “Bloque de los Cuatro”. Pero esto no significaba dejar de utilizar la categoría de “centrismo”, como plantea Bodart, ni evadir los debates programáticos, estratégicos y políticos con la excusa de que “somos de distintas tradiciones”.

Desde nuestro punto de vista, poner en pie un emprendimiento como la Red Internacional La Izquierda Diario, presente en 7 idiomas en 14 países es un instrumento de primer orden para evitar que cualquiera actúe como “partido madre”, es decir, que digite las políticas de cada organización. Solo LID de Argentina publica unos 2000 artículos mensuales, elaborados por cientos de militantes y simpatizantes del PTS. El suplemento teórico de LID Argentina, Ideas de Izquierda, publicó 500 artículos solo desde comienzo de año. Multipliquen estos números para toda la Red de Diarios.

Lo mismo que permite el desarrollo de cuadros y dirigentes es lo que impide actuar como “madre” de nadie, digitando lo publicado o la política de tal o cual organización. Por el contrario, la Red de diarios permite que la política de cada organización no esté disponible solo para un grupo de iniciados o especialistas sino accesible para todo militante o lector de las publicaciones. Siempre la información es la primera condición de la democracia partidaria. Esto no quita, obviamente, debatir y ponernos de acuerdo entre quienes conformamos la FT-CI en orientaciones comunes y en las respuestas a dar frente a los hechos candentes de la lucha de clases. La FT se apoya en sacar lecciones programáticas comunes de la lucha de clases, y es el método con el que propusimos impulsar un Movimiento por una Internacional de la Revolución Socialista-Cuarta Internacional (MIRS-CI).

Por último, sobre este punto, somos conscientes de que las entradas en un diario digital, como nos planteó el MST en la Conferencia, no implican adhesión política automática a nuestro programa. Pero tampoco lo implicaba la venta de un periódico impreso. Y las 13 millones de entradas de nuestra Red (el PO celebraba cuando había vendido 10 mil periódicos hace no muchos años…) es una excelente base para luchar por lograr esa adhesión política, mucho más que no tenerla. Es un punto de partida y un gran ejercicio de aprendizaje político para cuando los procesos de radicalización nos permitan luchar por tener influencia política de masas.

El ejemplo de Brasil

En los términos que plantean el debate tanto el MST como el PO en este y en las otras discusiones que hemos realizado, las encrucijadas políticas se reducirían a un problema esencialmente organizativo: participar o no en una determinada organización. Por ejemplo, en el debate sobre el PSOL en Brasil, cualquier análisis de los hechos de los últimos años muestra que este abordaje es esquemático y que no sirve para hacer política alguna.

Los dos pedidos de entrada al PSOL del MRT se hicieron en momentos políticos concretos. Primero, después de que en la elección presidencial donde fue reelecta Dilma Rousseff, la candidata del PSOL Luciana Genro, expresando en ese entonces a la izquierda del partido, había recibido el apoyo de los sectores que se oponían por izquierda al gobierno del PT luego de las muy importantes movilizaciones del 2013. Nuestro pedido de entrada buscaba influir en quienes crecientemente veían en el PSOL la referencia a la izquierda del gobierno petista que, ni bien fue reelecto, comenzó un ajuste de magnitud contra el pueblo trabajador, más allá incluso de la política oportunista de su dirección mayoritaria.

La segunda oportunidad fue después del golpe institucional contra Dilma. Cuando este se produjo, tanto el PSTU como sectores que estaban en la izquierda del PSOL (como el MES, entonces aliado al MST, o la CST) tuvieron una posición de negarse a enfrentarlo oponiéndose a definirlo como tal, coqueteando incluso con la operación Lava Jato impulsada por Sergio Moro de la mano el imperialismo yanqui (algo de lo que ya no queda ninguna duda), al punto de haber levantado algunos la consigna “Lava Jato hasta el final”.

Pese a esto la mayoría del PSOL (así como la gran mayoría de su base electoral) se opuso al golpe. Nuestro planteo era entrar para acompañar la experiencia de quienes querían oponerse al golpe pero a la vez criticaban al PT por sus ajustes. En ambas ocasiones buscábamos influir en el rumbo del conjunto del partido y/o colaborar en la construcción de un ala izquierda que permitiera levantar una política revolucionaria ligada a la lucha de clases y los fenómenos políticos del país.

La respuesta al golpe institucional marcó a la izquierda en Brasil. El PSTU tuvo una escisión que se llevó entre un 40% y un 50% del partido, que pronto evolucionó hacia el seguidismo al PT y hacia el ala mayoritaria del PSOL. Causa Operaria se transformó en un pequeño apéndice del PT. El grupo que hoy está en la LIS junto al MST, Alternativa Socialista, se separó del MES, aunque las razones políticas de esta ruptura no las conocemos en lo que hace a la política de Brasil (sí en lo referido a la consideración como táctica o estratégica respecto a los partidos amplios, a partir de una integración mayor del MES en el SU).

También se dividió la CST, ruptura que llega hasta el día de hoy y hace que haya dos organizaciones de la UIT-CI en Brasil, una como sección oficial y otra como simpatizante. Para el PO nada de estos hechos era relevante para plantear distintas tácticas, algo central para una agrupación de unos cientos de militantes como el MRT aunque con una prensa que conquistó una influencia muy importante, llegando a 7 millones de entradas mensuales durante el golpe contra Dilma. Una influencia que, a nuestro entender, es la razón de fondo por la cual la dirección del PSOL negó nuestro ingreso, ya que sabían que íbamos a utilizarla para defender intransigentemente la independencia de clases, contra la política de seguidismo al PT o de realizar coaliciones locales aún con partidos burgueses.

En lo que hace a la intervención electoral, el MRT no cuenta con una legalidad propia, debido a lo restrictivo del sistema legal brasileño (el PSTU y Causa Operaria, pese a sus magros resultados, la mantienen producto de una ley anterior). Esto ha sentado una suerte de tradición donde las fuerzas de izquierda que tienen legalidad permiten en ciertos casos candidaturas democráticas de otras organizaciones.

Nuestros compañeros lo intentaron infructuosamente en cierto momento con el PSTU y el PCO. Pero cuándo el PSTU fue parte del bloque golpista esto perdía todo sentido y por eso recurrimos a levantar candidaturas democráticas dentro del PSOL, con excepción de los estados donde este participaba en coaliciones con partidos de centroizquierda o burgueses o donde llevaba candidatos de los sindicatos policiales.

El sistema de elección en Brasil permite además el voto por cada candidato, lo cual da una autonomía a la campaña que no permite el sistema electoral argentino, levantando nuestras propias banderas. Creemos que esta es una táctica completamente principista para tratar de sortear las trabas del reaccionario régimen electoral.

Hoy mismo, el escenario político es otro. La dirección mayoritaria del PSOL viene en una línea de seguidismo al PT, que a su vez alentó un bloque con los partidos burgueses opuestos a Bolsonaro, lo que terminó fortaleciendo a este último pese a lo desastrosa y criminal política frente a la pandemia. Sectores dentro del PSOL se oponen a esta política. El PSTU también lo hace. En ambos casos, a nuestro entender, cediendo sin embargo a la política de “impeachment” y sin plantear una política que de conjunto permita oponer una estrategia y un programa para enfrentar al conjunto del régimen y a todo el bloque golpista. La misma creemos que se sintetiza en el planteo de “Fuera Bolsonaro-Mourao, por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana”. Venimos llamando a discutir a las fuerzas de la izquierda socialista y anticapitalista dentro y fuera del PSOL para unir fuerzas y dar la batalla en común, más allá de las fuertes diferencias que tuvimos durante el golpe institucional o frente al encarcelamiento de Lula. Nuevamente, análisis concreto de una situación concreta.

Errores circunstanciales o una lógica

Con los compañeros de IS y la UIT en el debate tuvimos dos discusiones. Una, sobre el Frente Amplio de Perú, donde insisten en defender su participación en el mismo aún cuando su parecido con lo que fue Proyecto Sur en Argentina es evidente. IS critica igual que nosotros al MST por haber participado de dicha experiencia y en su momento afirmaron que su límite de alianzas “era la centroizquierda”. No diríamos como Bodart que comparado con el FA peruano “Pino Solanas es el Che Guevara”1, pero el carácter centroizquierdista y de colaboración de clases de su programa está fuera de duda, como han demostrado nuestros compañeros de la CST peruana.

Además los compañeros de IS insistieron en plantear que la CST peruana habría propuesto tener candidatos dentro del FA, un hecho completamente falso que esperemos rectifiquen. Por el contrario, la CST proviene de una ruptura con el FA, luego de que este llamara a votar a Pedro Pablo Kuczynski (un neoliberal al estilo Macri) en la segunda vuelta de la elección presidencial.

A su vez, ante nuestro planteo de que Nahuel Moreno no había estado exento del embellecimiento a la dirección de la revolución cubana de otras corrientes del trotskismo en el proceso de constitución del Secretariado Unificado en 1963, Mercedes Petit argumentó que sacábamos las citas de contexto. Pero en 1964 en Dos métodos frente a la revolución latinoamericana Moreno afirmaba:

“Fidel y el Che han demostrado en los hechos y han popularizado varias cuestiones políticas y teóricas de fundamental importancia que hace que de ellos se pueda decir, parafraseando, lo que Sartre dice de la filosofía de Marx, ‘que no hay otra corriente revolucionaria en Latinoamérica que el castrismo’”.

Y esto en momentos en que recrudecía la persecución sobre los trotskistas cubanos. Es cierto que ese texto tiene muchas críticas correctas a la estrategia guevarista, aunque la crítica al “guerrillerismo” (es decir, la transformación del método de la guerra de guerrillas en una estrategia) es realizada pragmáticamente, en función de las condiciones de cada país, y no como diferente al de la insurrección proletaria. Y además se hace contraponiendo el guevarismo al “método de Lenin, Trotsky y Fidel Castro, que dirigió la gran revolución cubana” [5]. Estas definiciones no eran inocuas y meras exageraciones. Como señala correctamente Ernesto González: “Las posiciones que entonces mantenían el SWP y Palabra Obrera llevaban a no plantear la construcción de un partido trotskysta en Cuba” [6]. Posteriormente, Moreno todavía coquetearía más con el guerrillerismo hasta que luego, después de la ruptura del PRT, pasó a criticarlo correctamente.

Nahuel Moreno

Esto no es más que un ejemplo de la discusión más general sobre la tradición morenista. A cada crítica Mercedes siempre responde que “fueron pequeños errores dentro de una oposición revolucionaria a la claudicación de la tradición de Pablo y Mandel”. ¿Pero esto fue así? ¿O los zigs zags de Moreno expresaron que más allá de ciertas batallas correctas, que consideramos “hilos de continuidad” revolucionaria, compartía las características más generales de lo que hemos denominado “trotskismo de Yalta” y no presentó una alternativa revolucionaria de conjunto? A nuestro entender, el morenismo, como el conjunto de las tradiciones del trotskismo en la posguerra, debe ser superado dialécticamente.

También a nuestra crítica respecto de la revisión que hizo Moreno a comienzos de los ’80 respecto de la teoría de la revolución permanente nos dice que forzamos las citas y las interpretaciones. Pero lo cierto es que la llamada “teoría de la revolución democrática” fue un giro teórico oportunista del morenismo que tuvo innumerables consecuencias prácticas, tanto en Argentina como internacionalmente, como ya señaláramos hace muchos años.

Un revisionismo que, a nuestro entender, fue parte de una adaptación más general en gran parte del movimiento trotskista a la estrategia de “reacción democrática” de comienzos de los ’80. Una teoría errada que, ya muerto Moreno, explica en gran medida el estallido posterior del MAS y la LIT, que respondieron equivocadamente frente a los levantamientos antiburocráticos de 1989 en el este europeo y la ex Unión Soviética (limitándose solo a levantar un programa democrático como en el caso de la unificación alemana) y a los hechos de la lucha de clases ante el embate privatizador del menemismo en el terreno nacional, con la llamada “Plaza del NO” y sus sillas vacías para Ubaldini y Storani inclusive, y la formación anterior de Izquierda Unida en base a un programa democratizante junto al Partido Comunista.

Los compañeros seguramente no estén de acuerdo con esto que señalamos. Pero que nosotros sepamos no han elaborado una explicación abarcadora respecto de las razones que llevaron a la crisis del MAS y la LIT a comienzos de los ’90.

¿Cómo seguir?

Como señalamos al comienzo, para nosotros los debates entre las corrientes del FIT-U sobre temas estratégicos son de primer orden. Estamos en las antípodas de quienes desdeñan estas discusiones. Sabemos que no vamos a estar de acuerdo en todo y no exigimos a nadie una autocrítica de su pasado para dar pasos en común. Pero eso no significa que no haya que poner blanco sobre negro las distintas posiciones y ver si se puede llegar a una comprensión común. Y, en caso de que no ocurra, clarificar los puntos de diferencia.

Por ello, mientras nos movilizamos a los lugares símbolos del poder yanqui este jueves 27 y viernes 28 de agosto en distintos países cumpliendo lo resuelto en la Conferencia Virtual de Latinoamérica y Estados Unidos, queremos insistir en la propuesta de continuar las discusiones por medio de un Boletín de Discusión editado en común y publicado en los sitios de las distintas organizaciones. Este 21 de agosto, desde el FIT-U homenajeamos a Trotsky como corresponde, debatiendo temas cruciales entre quienes nos reivindicamos de su tradición.

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