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26 de noviembre de 2020 Twitter Faceboock

CORONAVIRUS
Francia inicia el desconfinamiento con transportes abarrotados y control policial
Juan Andrés Gallardo | @juanagallardo1

Algunas de las lineas del transporte de la región parisina amanecieron abarrotados, sobre todo aquellos provenientes de las barriadas populares. Macron sacó a 20.000 policías a la calle para garantizar con represión un desconfinamiento caótico.

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El anuncio del desconfinamiento a partir de este lunes por parte del Gobierno francés ya había generado mucha desconfianza por parte de la población. Sobre todo de los millones de trabajadores precarios de zonas periféricas de París que debían movilizarse a sus trabajos sin tener garantizadas las condiciones mínimas de seguridad.

Este escenario se hizo realidad en la mañana del lunes cuando miles de personas tuvieron que viajar abarrotadas en lineas como la 13 o la B que provienen de barrios populares de la periferia como Saint-Denis o Saint-Ouen. Sin ninguna posibilidad de mantener la distancia social, y en muchos casos haciendo largas colas para conseguir algún barbijo o marcarilla gratuita para evitar pagar los 4 euros o más a los que los venden los especuladores minoritas, miles de trabajadores, en su mayoría precarios, vuelven a una "normalidad" en la que se arriesgan a contagiarse.

El Gobierno de Macron solo responde a este desconfinamiento descontrolado con una militarización de la calle para garantizar el orden y control policial. Los mismo que durante el último mes y medio vivieron en las barriadas populares de la periferia las amenazas y la persecución de las fuerzas represivas hoy tienen que volver al trabajo sin condiciones de seguridad y bajo el control de 20.000 policías.

Transportes abarrotados

La línea 13 del metro, que llega desde la periferia parisina de Saint-Denis, lucía repleta en la mañana de este lunes. La falta de trenes y la deficiente gestión gubernamental generaron una demora de aproximadamente 40 minutos en las que una gran cantidad de trabajadores se juntó y no pudo siquiera respetar el distanciamiento social. Los círculos que el Gobierno había pintado en el suelo de las estaciones para que las personas se mantengan separadas, parecían un mal chiste a los ojos de aquellos que luego viajaban prácticamente amontonados dentro del metro.

Esta es una línea en la que la mayoría de los pasajeros son trabajadores y trabajadoras precarias, y el Gobierno no tuvo ningún problema en exponerlos al contagio para aumentar las ganancias de los empresarios que exigieron el desconfinamiento a como de lugar. Lo hizo incluso cuando los trabajadores del transporte ya habían denunciado durante mucho tiempo la falta de preparación y la incapacidad de la red para gestionar esta crisis.

Una imagen similar se vivió la Gare du Nord (Estación del Norte) de la línea B, donde miles de pasajeros no pudieron mantener el distanciamiento necesario. La mayoría de ellos también residentes de zonas suburbanas que están en la primera línea del desconfinamiento de este lunes y, por lo tanto, de la exposición a la pandemia por la negligencia del Gobierno.

A esto se sumaron las largas filas que se formaron frente a los puestos de distribución de mascarillas. Con el aumento de los precios, fue imposible para algunos trabajadores obtenerlos antes de la mañana de este lunes.

La política gubernamental de desconfinamiento, sin importar la seguridad de los trabajadores y trabajadoras, fue una exigencia de los empresarios a la que no se opusieron la mayoría de los sindicatos, que lejos de defender a los trabajadores se alinearon rápidamente con el discurso oficial de una reapertura de la economía a cualquier precio.

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Control policial

A esto hay que sumar el control policial dispuesto por el Gobierno para gestionar la apertura en estas condiciones caóticas.

Es que Macron y el primer ministro Edouard Philippe quieren hacer cumplir las medidas sanitarias que ellos no pueden garantizar mediante la represión policial. Con motivo de la desconfinación, se desplegaron 20.000 policías en el transporte público, mientras que en París se utilizan cámaras inteligentes para detectar el número de viajeros que no usan máscaras.

Según el ministro del Interior, Christophe Castaner, el despliegue policial es para "disuadir el mal comportamiento ". Es decir, imponer medidas sanitarias mediante represión en las estaciones, en el metro y en los trenes, mientras que el Gobierno aún rechaza la distribución gratuita de máscaras, y no resuelve establecer pruebas de evaluación masiva. Lo hace en contra del consejo de los especialistas y con el único objetivo de la reactivación de la maquinaria económica.

Es decir que los usuarios del transporte público, obligados a viajar al trabajo con el temor a contagiarse, también tendrán que adaptarse a la creciente presencia de policías y al uso de cámaras de vigilancia inteligentes para reconocimiento facial, con el riesgo de un mayor control social.

Al igual que lo hizo desde el inicio de la pandemia, la respuesta del gobierno es esencialmente represiva. Sin embargo nada indica que esta política se pueda imponer sin contradicciones para Macron. La mayoría de la población está en desacuerdo con la forma en la que el Gobierno manejó la situación, la desconfianza en el proceso de desconfinamiento es alta y la represión y prepotencia patronal ya generaron durante la cuarentena tanto protestas en las barriadas populares como acciones entre los trabajadores para exigir no solo condiciones de trabajo seguras, sino también cómo y qué producir. Es el caso de los trabajadores de Airbus que reclamaban a la empresa un plan para fabricar respiradores en lugar de la poco esencial fabricación de aviones. Estos ejemplos son los que se pueden multiplicar ante la negligencia gubernamental y patronal, y el caos que ya muestra el primer día del desconfinamiento en Francia.

 
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