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La Izquierda Diario
4 de octubre de 2023 Twitter Faceboock

SUPLEMENTO
Anasse Kazib: "Para ganar, necesitamos una estrategia de combate que surja de las bases"
Anasse Kazib
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El 1 de febrero, al día siguiente de la masiva jornada de movilización contra la reforma de las pensiones, cerca de 450 personas estuvieron presentes en el acto organizado por Révolution Permanente en París para debatir sobre "¿cómo ganar esta lucha contra Macron?"

Tomaron la palabra varios oradores, trabajadores y trabajadoras en lucha, intelectuales como Frederic Lordon y jóvenes estudiantes. Anasse Kazib, trabajador ferroviario y dirigente de Révolution Permanente, retomó una reflexión sobre las potencialidades y las contradicciones del movimiento y planteó el desafío de superarlas para poder ganar. Compartimos una transcripción de gran parte de su discurso.

*

Buenas noches a todos. Quería empezar agradeciéndoles su presencia en nombre de todos los camaradas de Révolution Permanente. Como saben, estamos viviendo algo importante con las movilizaciones del 19 de enero y del 31 de enero. No sólo por el carácter masivo que han tenido. Como se ha dicho varias veces, este 31 de enero tuvimos un número récord de manifestantes, desde hace 30 años. Hubo muchos más manifestantes que en los picos máximos de las huelgas de 1995 y de las movilizaciones de 2010. Esto demuestra que hay voluntad de luchar contra esta reforma del gobierno de Emmanuel Macron.

Pero mucho más que la cuestión de la reforma de las pensiones, creo que todos los que están en la calle concentran en realidad estos cinco años de lucha de clases que hemos conocido, sobre todo desde las luchas contra la ley El Khomri. [1] En la calle se encuentra esta nueva generación que se levantó junto a los Chalecos Amarillos, que se levantó junto a los ferroviarios contra la reforma ferroviaria, que ya se enfrentó otra reforma de las pensiones), que luchó en los lugares de trabajo durante la crisis sanitaria para exigir mascarillas, para exigir medidas sanitarias. Una nueva generación que se levantó justo después del Covid, como los trabajadores de Geodis [2] que lucharon durante más de 30 días en una huelga apoyada por el 100% de la plantilla, para obtener mejoras en sus condiciones de trabajo y en sus salarios. Como los camaradas de Leroy-Merlin, Decathlon, Sephora e incluso LVMH. Incluso los trabajadores que hacen bolsos de más de 2.500 euros en Bernard Arnault [3] han empezado a decir: "¡Ni siquiera podemos permitirnos los bolsos que hacemos! Y Bernard Arnault tendrá que entregar el dinero.”

Lo que vimos este 31 y 19 de enero en las calles fue la cristalización de todos estos sectores del mundo obrero, estos sectores de la juventud, pensionistas, toda esta gente que decidió levantar la cabeza y salir de ese estado de decaimiento que conocimos durante la crisis sanitaria. Lo que está en curso es un retorno de la lucha de clases, y esto es lo que preocupa al gobierno. Y que sepan que el conjunto de la clase obrera empieza hoy a pensar en cómo amplificar la movilización. La movilización del 31 fue un éxito. Tenemos que felicitarnos, por la jornada que hemos tenido, nos hemos movilizado por las calles de París, de las grandes ciudades como Marsella, Lyon, Lille y también en las pequeñas ciudades.

Fue un día histórico, que hoy queda marcado en la lucha contra los capitalistas, una clase que nos desprecia. Pensaban que íbamos a cerrar la boca, esperaban que la inflación nos iba a dejar quietos en casa. Pensaban que la crisis económica, las dificultades para vivir (…) nos iban a hacer cerrar la boca. Pero ayer había más de 2,8 millones de personas en las calles de Francia y eso es algo de lo que estar orgullosos. Como han dicho algunos camaradas, esto no sólo se juega en Francia, sino también en Inglaterra, en Alemania, en España, en Holanda y en muchos otros países. Las potencias mundiales observan hoy lo que ocurre aquí, porque saben que Francia es uno de los epicentros de la lucha de clases. Cuando hay huelgas en Francia, cuando hay luchas en Francia, esto se conoce a escala internacional. Y las miran con pánico, porque cuando se desarrolló el movimiento de los Chalecos Amarillos, después vimos que había fenómenos como chalecos Amarillos en Sudán, en Irak, en Argelia, en Ecuador, en Chile, vimos pancartas de gente que decía "de Bouteflika a Macron, la misma lucha".

Si derrotamos a Macron, eso dará moral, no sólo a los trabajadores aquí, sino a la clase obrera a nivel internacional. Muchos dirán que, si los trabajadores en Francia fueron capaces de hacer retroceder al gobierno ante una contrarreforma de este nivel, pues bien, también en Estados Unidos, en Ecuador, en Chile, en Argelia y en otros lugares, somos capaces de hacer lo mismo que el proletariado francés y la juventud francesa. Que somos capaces de movilizarnos, de despertar.

Vuelvo a la movilización de ayer, histórica por su número, pero también por su composición sociológica. He visto que en Tulle, la ciudad de François Hollande, había más de 10.000 manifestantes en las calles. Es la combinación hoy de lo que podríamos llamar el proletariado de los grandes centros urbanos, de las grandes aglomeraciones, y el proletariado de las ciudades periféricas, de esta Francia periurbana.

Hoy, por primera vez en décadas, tenemos sectores de la clase trabajadora que hasta ahora no estaban juntos en las calles y que demostraron que estaban dispuestos a luchar, a luchar codo con codo contra esta reforma de Emmanuel Macron. Pero además de estos sectores del sector privado y público, de pequeños pueblos, de grandes ciudades, también hubo jóvenes que empezaron a despertar esta semana, que empezaron a organizar asambleas generales, bloqueos de institutos y otros.

Ayer también había muchos pensionistas en la calle. No para decir que les preocupaba la prolongación de la jubilación, sino para mostrar su solidaridad con los trabajadores, con toda la generación futura. Conocí a un pensionista que me dijo: "Estoy en la calle porque estaba harto de oír en los medios de comunicación que los únicos que apoyaban la reforma eran los pensionistas." Y explicó que los pensionistas también están en contra de esta reforma porque tienen hijos, nietos, y no quieren que las generaciones futuras mueran trabajando, con pensiones miserables. Y esto es un motivo de orgullo.

Pero, además, y esto es algo bastante notable, hay gente que votó a Emmanuel Macron, hasta dos veces, que ayer estaba en la calle. Hay que saber que entre los directivos hay porcentajes de huelga espectaculares. Los índices de huelga entre algunos supervisores son más elevados que entre los trabajadores rasos, el sector obrero de las empresas. Para ilustrarlo, ayer había incluso un supervisor de recursos humanos de la SNCF, en un establecimiento con más de 1500 empleados, que estaba en la marcha de Sud-Rail.

Esto es para mostrarles hasta qué punto esta cuestión de la reforma de las pensiones, de la ampliación a 64 años, cosecha mucho rechazo. Pero, como saben, la gente no sólo se moviliza por esta cuestión de la reforma de las pensiones. Lo que se cuestiona es la totalidad del mandato de cinco años de Emmanuel Macron. Es el conjunto de sus políticas neoliberales durante décadas lo que hoy les echamos a la cara. Y hace un momento, cuando hablaba de los trabajadores británicos, es un orgullo ver cómo el proletariado británico ha sacado hoy la cabeza fuera del agua. Dos décadas explicando que el proletariado inglés fue aplastado, derrotado por Thatcher, y que nunca volveríamos a ver huelgas, grandes manifestaciones en el Reino Unido. Y es un orgullo decir que hoy, mientras nosotros luchamos, hay manifestaciones récord en Francia. Pero también hay manifestaciones récord en Inglaterra y creo que, como nuestros camaradas ingleses hoy, como los camaradas en España, en Alemania y en otros lugares, no sólo estamos luchando contra las reformas y los ataques de hoy, sino contra todo lo que nos imponen, contra la destrucción de nuestras condiciones de trabajo y de nuestros salarios.

Hay algo espectacular en ello. Creo que todos lo hemos experimentado. Es la cuestión de la crisis sanitaria. Seamos jóvenes, trabajemos o estemos jubilados, el periodo de crisis sanitaria nos ha marcado hasta la médula. Hoy en día, muchos editores y sociólogos del mundo del trabajo explican que existe una crisis del trabajo. Los trabajadores se están replanteando su relación con el trabajo: ¿qué significa el trabajo? ¿Por qué razones trabajan? ¿Con qué fin? ¿Para qué futuro? Y hoy, si la gente está en calle, es porque nos estamos replanteando este mundo laboral. Para expresar nuestro odio a los ritmos de trabajo y la explotación que nos imponen. Se me desgarra el corazón cuando veo a un camarada como Moussa, que va a cumplir 68 años, que sigue en pie empujando palés que le rompen la espalda.

La realidad, compañeros, es que no quieren que la clase trabajadora pueda tener una pensión, que pueda vivir dignamente. No quieren que disfrutemos. Sólo quieren ver cómo pueden explotarnos aún más.

Pero, por otro lado, siempre nos dirán lo fantástico que es Bernard Arnault, un gran empresario que crea empleo, que crea riqueza y que los jefes de Renault, PSA y demás son jefes que el mundo envidia. (…) Voy a pedirle al jefe de PSA, si es tan fantástico, que entre en las fábricas, que saque a todos los trabajadores de sus fábricas y que nos muestre cuántos coches es capaz de crear él solo. Él, que crea riqueza, que nos muestre con sus manos cuánta riqueza consigue crear en su fábrica. Que nos demuestren cuántos palés pueden empujar.


Podemos ganar, pero ¿cómo?

Y compañeros, lo digo, podemos ganar. Podemos ganar, pero tendremos que decir algunas verdades. Lo que queremos es que este encuentro sirva para ganar, y por eso intentamos modestamente dar una brújula para entender lo que está pasando, cómo podemos cambiar las cosas, cómo podemos intentar poner nuestra piedra en el edificio de esta lucha, para darle un carácter más ofensivo, más político, más radical.

Y para ello, primero debemos hacer un balance de lo que está ocurriendo hoy. Hay millones de personas en las calles, hay millones de huelguistas, hay pensionistas, supervisores y jóvenes. Pero extrañamente, los trabajadores no están tomando decisiones acerca del movimiento. En muchas partes no se convocan asambleas generales, o donde se las convoca, pero sin militarlas, terminan siendo formales, con la presencia de algunos dirigentes sindicales y activistas sindicales locales.

[La Intersindical convoca una jornada de movilización para un sábado, con la excusa de que los trabajadores precarios no pueden hacer huelgas.] Pero las compañeras precarias de Onet [4] dicen: "Yo estaba en huelga el día 31. Yo estaba allí, en huelga con todos mis compañeros.”

Necesitamos reivindicaciones que permitan al conjunto del movimiento obrero, a la juventud, unirse a la batalla. Pero el problema es que, como decía antes Adrien Cornet [5], [las burocracias sindicales] no quieren porque saben que sería empezar a politizar la movilización.

Nosotros consideramos que podemos ganar. Pero las cosas tendrán que cambiar radicalmente. Tendremos que ampliar la base de las demandas. No podemos limitarnos a decir: rechazad la reforma de las pensiones. También queremos hablar de salarios y de servicios públicos. Queremos hablar de la cuestión climática, queremos hablar de las políticas xenófobas contra la inmigración. Queremos hablar de muchas cosas. En estas movilizaciones, la gente sale por muchas razones porque sabe si el Gobierno de Emmanuel Macron inflige una derrota, sería terrible. Y tenemos que tenerlo en cuenta. Una huelga no siempre es victoriosa, a menudo es una derrota. Lo hemos visto en los últimos 25 años.

En cambio, las victorias solo ocurren cuando todos los trabajadores están movilizados, unidos y en las que son ellos los que deciden desde la A a la Z. Cuando deciden todas las cosas que hacen desde la mañana a la noche, todas las reivindicaciones. Huelgas en las que no hay nadie que tenga más peso que el otro. Como en el ejemplo de las huelgas de Onet o Géodis, que ganaron. Los trabajadores de Onet sostuvieron una huelga durante 45 días, porque estuvieron todos los días en la asamblea general. Pero ¿por qué somos 1,8 millones en la calle y nadie viene a la asamblea general? La huelga es rara. Hay mucha gente en las calles, pero en las asambleas generales no pasa nada. No hay ninguna acción. Nombren una sola acción combativa que hayan visto en estos dos días. Nada.

Emmanuel Macron dijo: "No daré marcha atrás en la reforma. Como hemos dicho, los 64 años no son negociables. No es la calle la que decide”, etc. Todos lo entendieron. Los únicos que no lo han entendido los que forman parte de la intersindical. Ellos no quieren radicalismo, no quieren que la gente se exprese, no quieren que los trabajadores ni los jóvenes decidan sobre el movimiento. No quieren acciones de black block. No quieren que los ferroviarios entren en la sede de la SNCF y desafíen a los gerentes, a los directores, a los jefes. No quieren ver a los trabajadores invadiendo la sede de del partido de Macron. ¿Y por qué no quieren? Por la sencilla razón de que la burocracia sindical no quiere verse desbordada, quiere pasividad.

Son estos líderes los responsables de los últimos 25 años de derrotas. Su unidad es la unidad de la derrota, la unidad, los logotipos en una hoja, es la unidad de la derrota. ¿Quién puede decir que es obligatorio limitar las reivindicaciones a la cuestión de las pensiones? Porque saben que la única unidad capaz de derribar esta reforma, de llegar hasta el final hasta donde nuestras fuerzas lo permitan, es la unidad de los trabajadores que acuden a las asambleas generales y deciden lo que van a hacer.

Y es esta unidad de los trabajadores la que vamos a tener que construir.

Les insto de verdad a que observen lo que ocurre a escala internacional. Hay países y grandes potencias que se están armando, que han aumentado sus presupuestos militares. En Ucrania está Zelensky, que cada mañana pide misiles y tanques. Los trabajadores observan lo que ocurre. Macron da 100 mil millones más para comprar misiles y nos dicen que es por la paz.

Están preocupados porque saben que las cosas pueden desbordarse, como suele decirse. Basta una chispa para que la primavera social decida dar la vuelta a la tortilla definitivamente. Hay acontecimientos en la lucha de clases que pueden cambiar las cosas. Y si mañana perdemos después de haber sacado a 2,8 millones de personas a la calle, de haber alcanzado cifras récord de huelguistas, será un golpe tremendo en la cabeza. Cuando pones a 2,8 millones de personas en la calle, cuando has hinchado el pecho y pierdes, el riesgo es que la gente diga que al final hemos perdido y que no sirve para nada, que las huelgas no sirven para nada. Y que después digan: "Total, voy a votar a Le Pen, así lo reviento todo". Y quien más capitalizará en caso de derrota es la extrema derecha, es Marine Le Pen.

"Voy a hacerles trabajar hasta los 67 años y mañana les haré la guerra": eso es lo que está en juego, y sería terrible. Prefiero decir la verdad para que la gente sea consciente de lo que se está jugando. Y para ello, espero que salgan de esta sala no sólo con brillo en los ojos o unos bonitos discursos, sino con la voluntad de ver cómo, desde donde están, en una escuela, en una universidad, en una empresa, en una fábrica o donde quiera que estén, van a intentar cambiar las cosas. Poner su piedra en el edificio. Porque si ganamos, amigos míos, nos hará bien. Pero para convencer a la gente, tendremos que estar en la calle masivamente, tendremos que motivar a nuestros compañeros para que acudan a las asambleas generales, para crear estructuras de coordinación interprofesionales.

Todo el mundo está a tope. Los trabajadores de las refinerías están a tope, y en la RATP, los ferroviarios, en todas partes. Todo el mundo está entusiasmado, pero todo el mundo espera y a veces uno se pregunta para qué sirven las confederaciones sindicales. ¿Por qué no lo coordinan? Porque no quieren que se generalice. No quieren que la huelga se generalice.

¿Te lo imaginas? ¿Pones a 2,8 millones de personas en la calle, convocas otra manifestación un sábado y luego otra fecha en marzo? Es increíble. Es como si tuvieras a los mejores jugadores de fútbol en tu equipo y fueras a buscar a los menores de 16 años para jugar la final del Mundial. Es increíble. No quieren que se endurezca, porque temen el efecto chalecos amarillos y lo que llaman excesos. Los periodistas también preguntan:"¿no tienen miedo de ser desbordados por la base?”

Como dijo mi compañero, Adrien Cornet, hay que desbordarlos. Pero para superarlos, todos los sectores del movimiento obrero tienen que asumir una estrategia dura, con huelgas prorrogables. No para hacer un fetiche de la huelga reconductible, sino porque la huelga reconductible es la huelga que pertenece a los trabajadores.

Es la única manera de hacer retroceder al gobierno. Porque ya os podéis imaginar que para que Emmanuel Macron ponga fin a su quinquenio, va a hacer falta mucho más que jornadas de 24 horas y mucho más que jornadas controladas desde arriba.

Nos hablan de la unidad de los trabajadores, pero echan a suertes qué sindicato irá delante. ¿Dónde está tu unidad? Los trabajadores en lucha saben muy bien que tienen que permanecer unidos porque de ello depende su destino.

Nos dicen: "cuidado, la unidad es frágil, no hay que calentar a Berger por una vez que los tenemos de nuestro lado". Por favor, amigos, no salgáis con eso de no ofender a fulanito o menganito: si no queréis luchar para que el gobierno de Macron dé marcha atrás, largaos, aquí están los que quieren luchar.

Compañeros, muy sinceramente, como vengo diciendo desde el principio, queríamos que este encuentro sirviera de brújula, que ayudara a cambiar la subjetividad, a veces diciendo cosas duras. Y siempre es más fácil cerrar los ojos y decir que las cosas no pueden suceder. Pero hemos visto, y creo que todos los presentes en esta sala, cosas difíciles en las últimas horas, en los últimos meses, en los últimos años. Nadie habría pensado nunca que tendría que obtener un certificado para ir a comprar pan a la panadería. Nadie habría pensado que verían morir a su padre o a su madre de Covid. Ningún estudiante habría pensado jamás que se quedaría encerrado durante tres o cuatro meses en un pequeño cuarto sin poder salir.

Y sí, a veces hay trabajadores que piensan que van a llegar a los 67 años y desgraciadamente no llegan ni a los 60. ¿Cuántos trabajadores han muerto antes siquiera de ver el color de su pensión? Esta es la suerte de muchos trabajadores precarios, y cada vez son más. Cada vez somos más los que padecemos hipertensión, diabetes, problemas de espalda o de vista. Hoy dicen que trabajaremos hasta los 64 años, pero eso no lo quieren ni los jefes. A los 64, necesitamos medicinas, somos menos productivos, menos explotables, les costamos más, porque hay un plus de antigüedad, porque han pasado muchos años, porque les cabreas, porque tienes 30 años de experiencia y sabes cómo era hace 30 años y se lo explicas cada mañana. Pero el joven que acaban de contratar no sabe nada de todas las condiciones de trabajo que existían hace 20 años. Así que no quieren trabajadores de 64 años. Lo que quiere es deshacerse de nosotros.

Es contra todo eso que luchamos. Y hoy necesitamos tener una organización revolucionaria que, con sus pequeñas fuerzas, sus pequeñas armas, intente cambiar las cosas. Queremos una organización revolucionaria que intente desempeñar un papel dirigente en la lucha de clases. Un periodista me dijo hace poco: "Revolución permanente, los vemos por todas partes". Y no se equivoca. Le dije: "Si supieras que somos unos 400 militantes". Me contestó: "Sólo son 400, es increíble. Hay trabajadores por todas partes". Nos gustaría que fuera aún más cierto. Lo digo con toda modestia. Intentamos desempeñar un papel, ya sea con nuestro periódico, los editoriales que hacemos, la ayuda que intentamos aportar a la huelga de los camaradas de Geodis, las colectas de dinero en las universidades, nuestras luchas en las estaciones ferroviarias, en las cocheras de autobuses, en las refinerías, etc.

No hace falta que lo digamos, ustedes lo saben, si están presentes hoy no es por casualidad, es porque apoyan el trabajo de Révolution Permanente y lo agradecemos. Nuestra fuerza son ustedes. Si conseguimos hacer todo lo que hacemos es porque están a nuestro lado y necesitamos que pongan de su parte.

Hace un mes celebramos un congreso de la fundación. Es un verdadero orgullo. Y hoy, estamos orgullosos de estar más fuertes, luchando. Y los invitamos a todos a unirse a la lucha revolucionaria. Y, quizás, espero, que haya entre ustedes futuros militantes de Revolución Permanente, que luchen con la voluntad de acabar con el sistema capitalista, de acabar con toda opresión y explotación.

 
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