SUPLEMENTO

Trotsky y los pasajes de una vida por la revolución

Maximiliano Olivera

RESEÑAS
Ilustración atribuida a Annenkov y tapa del folleto original de Trotsky

Trotsky y los pasajes de una vida por la revolución

Maximiliano Olivera

En su clásica biografía de León Trotsky, Isaac Deutscher dijo que la vida del revolucionario ruso fue “tan copiosa y espléndida” que “cualquier parte o fracción de ella habría bastado para llenar la vida de una personalidad histórica sobresaliente” [1]. La afirmación prueba su justeza en los puntos álgidos y más conocidos de la Revolución rusa y mundial, pero también tiene asidero en los episodios menos conocidos. En este último sentido puede leerse La fuga de Siberia en un trineo de renos, publicada recientemente por Siglo XXI en una edición presentada por Leonardo Padura [2].

La fuga de Siberia… es una nueva traducción del folleto Viaje ida y vuelta (Tudá i obratno, en ruso) publicado en 1907 bajo el seudónimo “N. Trotsky” en la editorial Shipovnik de San Petersburgo. Este folleto luego fue incluido en la segunda parte de Rusia en la Revolución editada en Alemania en 1909, compilación que luego fue conocida como 1905 [3] (en castellano, su última edición es del CEIP León Trotsky en 2006 [4]).

Más allá de la digresión bibliográfica, una nueva edición es una oportunidad para revisitar momentos de la vida y obra del revolucionario ruso.

El “caso Soviet”

1905 fue el año del ensayo general de la revolución en Rusia que sacudió al imperio zarista y puso en la escena a los soviets, consejos que organizaban a la clase obrera, y que pronto fueron mostrándose como organismo de poder obrero y germen de un nuevo tipo de Estado. Trotsky, a sus 25 años, fue uno de los presidentes del soviet de diputados obreros de San Petersburgo y por ese rol fue uno de los encarcelados en diciembre, bajo la acusación de preparar una insurrección.

A la espera del juicio, Trotsky pasó tiempo en la prisión de Kresty y en la fortaleza de Pedro y Pablo. En esos 13 meses se abocó a elaborar un balance de la experiencia de 1905 en escritos como “Resultados y perspectivas”, sentando las bases de la teoría de la revolución permanente. La idea de una fuga era una posibilidad para algunos pero Trotsky la descarta, seducido por la tribuna política que ofrecía el juicio que comenzó en septiembre de 1906 y terminó con la condena de los dirigentes del soviet. Así cuenta su segunda condena al destierro:

Fuimos condenados a la pérdida de los derechos civiles y al destierro en Siberia. La sentencia era relativamente benigna. Creíamos que nos esperaban los trabajos forzados. Sin embargo, el destierro siberiano no era ya aquel destierro administrativo al que me habían mandado la primera vez. Era una deportación indefinida y cualquier tentativa de fuga se castigaba con tres años de trabajos forzados. La pena de 45 latigazos que solía acompañarle había sido suprimida dos o tres años antes [5].

La ida

La primera parte de La fuga de Siberia… comienza con las cartas que Trotsky empieza a escribir desde el 3 de enero de 1907 para relatar el traslado desde la Fortaleza de Pedro y Pablo hasta una prisión en Obdorsk, un punto sobre círculo polar a unos 1.500 km del destino inicial. Recién en Mi vida se develará que quien recibe las cartas no es otra que su compañera Natalia Sedova.

La correspondencia funciona para Trotsky como un diario de viaje, pese a no saber la certeza de si esas cartas llegarán, colaboradores mediante, a destino, y no serán interceptadas por alguna autoridad. Por ese riesgo también algunas definiciones son escuetas pero nunca dejan de tener pinceladas del aire político que se respira tras 1905.

Con detalles que vuelven significativos, se va construyendo la sensación de que aunque la reacción zarista avanza, para los obreros y campesinos de Rusia algo ha cambiado. Un indicio es el número desproporcionado de soldados y oficiales que vigilan a Trotsky y otros 14 integrantes del soviet petersburgués, un “honor” que para los pobladores de cada paraje solo está reservado para los “delincuentes peligrosos” o los ministros célebres. “Nos podemos sentir plenamente orgullosos: por lo visto, el Soviet, aunque muerto, les provoca miedo”, escribe el 12 de enero [42].

El asombro por el despliegue militar para tal comitiva es seguida por la alegría y simpatías al enterarse de que quienes van son “diputados obreros” y también en el encuentro con otros deportados. Como narrador Trotsky pone el acento en personajes variados –un niño cochero, un jóven de 18 años, los presos comunes de Tiumén, la mitad de los pobladores de Belogorie y hasta los propios soldados que lo custodian– para transmitir hasta dónde caló la revolución.

Cada avance en el itinerario es percibido como “un peldaño más hacia el reino del frío y el salvaje” [64] y el recorrido se hace bajo un “frío tolerable” de “-20, -25, -30° C” tras “una helada que alcanzó los -52°C” [46]. Las descripciones de los territorios y poblaciones sobre la tundra o taiga siberiana, también dan lugar a las reflexiones. Ahí, bajo una correspondencia bajo vigilancia, madura la idea de la fuga.

Trotsky es consciente que mientras más se acerque a su destino final, más difícil será evadirse y desandar el camino hecho. En una carta del 23 de enero habla por primera vez de la fuga en términos generales y luego lo volverá hacer en una carta del 6 de febrero. En unas observaciones sobre el bajo nivel de los desterrados en la gubernia de Tobolsk, algunos incluso “ajenos a la causa”, señala a las fugas como un factor:

Está clarísimo quiénes son los fugitivos: son el armazón más concientizado, más activo; son personas impelidas por el partido y la misión. Para hacerse una idea acerca del porcentaje de fugas, basta con saber que de los cuatrocientos cincuenta exiliados en determinada área de Tobolsk solo quedan cien. Los únicos que no huyen son los haraganes [60-61].

Pocas palabras para dar a entender quién será el próximo en fugarse. Sutilmente en la última carta, del 12 de febrero, dice que está en Beriózov, que el viaje continuará pero que él no ha decidido hacia dónde.

La vuelta

En la segunda parte de La fuga de Siberia… opera un cambio de registro, el pasaje de la carta al relato. Con la ventaja de escribir luego de que suceden los hechos, en esta parte se despliega con solvencia la pluma de Trotsky. Comienza en la prisión de Beriózov, donde los condenados hacen una parada en su periplo al destierro. Con la idea de fuga ya cristalizada, Trotsky sigue las indicaciones del médico Viot, integrante del convoy de exiliados, para fingir un dolor de ciática que le permita ganar tiempo y quedarse ahí para concretar el plan de evasión.

Para la fuga se evalúan tres recorridos, ninguno convincente. Finalmente Trotsky optará por otra opción para bordear el río Sosva, un camino oeste hacia los Urales. Para su plan contará con la ayuda de Faddei Roshkovsky, un veterano del ejército zarista condenado al exilio, que lo contactará con un mercader de ideas liberales, Nikita Serapionovich (apodado “Pata de Cabra”), para ultimar los detalles. Aquí ata su destino a un ziriano [6] de nombre Nikifor, y sus renos [7].

Finalmente Trotsky inicia su fuga en la medianoche del 18 de febrero. Previamente buscó encontrarse “casualmente” con el director de la prisión, mientras se llevaba a cabo una función de El Oso y Un trágico a pesar suyo, dos obras breves de Antonio Chéjov. Justamente, en lo que continúa de su relato hay dosis de la ironía y del humorismo chejoviano donde la tensión aumenta y el plan parece desmoronarse en cualquier momento.

Fuera de la prisión, el frío extremo en la cara es una sensación de libertad. El viaje de vuelta, propiamente dicho, comienza y en cada página se encuentran descripciones muy vivas, ya sea del guía Nikifor, un borrachín dispuesto a toda aventura, o de los renos, quienes maravillaron a Trotsky por su fuerza y su coordinación para tirar del trineo. En su propia Odisea, no faltan los contratiempos tragicómicos en un momento donde lo importante es ganar tiempo. Solo tiempo después Trotsky sabrá que nadie se percató de su fuga hasta dos días después y que además las autoridades siguieron una pista falsa, sembrada por “Pata de Cabra”, que le permitió ganar otros dos días más de ventaja.

La pluma del revolucionario ruso toma diferentes recursos narrativos –la construcción de diálogos y escenas, las descripciones, la reflexión en primera persona– para sostener la atención sobre el relato. Entre el abanico de personajes, el propio Trotsky será primero un mercader de Obdorsk y luego será un ingeniero que integra una expedición para extender las vías del ferrocarril. Será con esta identidad, ya en el tramo final, que se encuentra con un hombre que conoce a toda la expedición y que a fuerza de preguntas puede desbaratar la coartada. Pese a conocerse el resultado exitoso de su empresa, el relato transmite ese suspenso propio de una fuga, una tensión que a veces se deshace con el obsequio de un alcohol de 95°, cigarrillos o chocolates.

Las observaciones políticas tampoco están ausentes, como ver en el lenguaje de los ostiacos un rastro del dominio imperial del zarismo o las escenas cotidianas de la opresión ancestral en las mujeres. O el contraste que se produce el 20 de febrero cuando la nueva Duma inicia sus sesiones mientras Trotsky es parte de una caza accidentada de renos para continuar su escape.

Finalmente, Trotsky llegará a Ívdel, donde se despide de Nikifor, su guía a lo largo de unos 800 kilómetros en trineo durante 11 días. El 25 de febrero se tomará un tren desde Rudniki con destino a Petersburgo. Trotsky arribó a la capital imperial el 2 de marzo, cuando aún llegaban las noticias de los diputados obreros deportados en viaje a Obdorsk. Su reencuentro con Natalia Sedova será narrado en Mi vida, y reproducido como una coda en esta edición.

***

Posteriormente en una nota autobiográfica de 1918, ya como dirigente de la triunfante Revolución rusa, dirá:

Esta evasión en un trineo tirado por renos a través del espacio desértico y lleno de nieve que separa Beriózov de los Urales sigue siendo uno de los mejores recuerdos de mi vida. El guía era un ziriano dotado de un olfato secreto, que le permitía encontrar siempre el camino correcto, descubrir los campamentos de samoyedos, etc. [8].

En el prólogo original del folleto (que el prefacio a la segunda edición de 1905 [9]), para dar una dimensión del asunto, Trotsky citará las estadísticas de los delegados al Congreso de socialdemócratas rusos, reunido en Estocolmo durante abril y mayo de 1906. De conjunto, el Congreso “pasó entre rejas más de cincuenta mil días y noches y estuvo confinado en los rincones más salvajes del país durante todavía más tiempo”[32], detallando:

Los 140 integrantes del Congreso pasaron en la cárcel 138 años y ½ mes en total.
El Congreso pasó en el exilio 148 años y 6 ½ meses.
Se fugaron de la cárcel en una ocasión: 18 personas; en dos ocasiones: 4 personas.
Se fugaron del exilio en una ocasión: 23 personas; en dos ocasiones: 5 personas; en tres ocasiones: 1 persona [31].

Con esas cifras contextualiza que su segunda fuga no es algo reducible a un heroísmo individual o a las aventuras de un temerario, sino que se inscribe en el proceso y las condiciones en que los revolucionarios rusos hicieron sus armas en la pelea para que la humanidad entera sea dueña de su propio destino, convicción que actúa como un combustible para la chispa que puede encender la llama.


NOTAS AL PIE

[1Deutscher, Isaac, Trotsky, el profeta desterrado, Buenos Aires, Ediciones IPS-LOM Ediciones, 2020, p. 458.

[2Trotsky, León, La fuga de Siberia en un trineo de renos, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2022. Edición al cuidado de Horacio Tarcus, traducción de Irina Chernova. Las referencias a esta edición se harán indicando entre corchetes el número de página al final de la cita.

[3Los datos bibliográficos fueron tomados de Sinclair, Louis, Trotsky: A bibliography, vol. 1, Scolar Press, 1989, p. 26.

[4Erróneamente el editor Horacio Tarcus afirma que la compilación 1905 es “inhallable en castellano desde hace medio siglo” [23], cuando el CEIP León Trotsky la publicó en 2006, incluyendo este folleto que se presenta como traducido al español por primera vez. En esta nueva traducción faltan algunos fragmentos de diferentes cartas, probablemente añadidos en la edición alemana de 1909, que si se encuentran en la versión de 1905. Por ejemplo, en la carta del 18 de enero no se encuentra una larga cita del poeta Heine. En la carta del 29 de enero falta un párrafo final donde Trotsky expresa, entre otras cosas, su anhelo por el olor de un periódico recién impreso (expresión evocada por Deutscher en El profeta armado); en la carta del 6 de febrero también hay unas oraciones para describir a los grupos narodnikis.

[5Trotsky, León, Mi Vida: intento autobiográfico, Buenos Aires, CEIP León Trotsky-Ediciones IPS, 2012, p 222.

[6Nombre dado a los nativos de Zirianía (actual República de Komi), sometidos al Imperio ruso.

[7En su autobiografía, Trotsky señala que la descripción de la fuga fue deliberadamente desfigurada para proteger a sus cómplices. Con el “crimen prescrito”, restituye las identidades y los hechos con exactitud, considerando que Stalin no tomará represalias ya que hasta Lenin colaboró en esta fuga. Ver Mi Vida: intento autobiográfico, op. cit., p 225.

[8Trotsky, León, “Nota autobiográfica” en Mi vida: intento autobiográfico, op. cit., p 33.

[9Incluido en la edición del CEIP León Trotsky antes citada.
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Maximiliano Olivera

@maxiolivera77
Nació en Mosconi, Salta en 1989. Militante del Partido de los Trabajadores por el Socialismo (PTS). Periodista de La Izquierda Diario en Tucumán.
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