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Tensión y un muerto en caravana pro-Trump en Portland

Durante el sábado se desarrolló una caravana en apoyo al presidente Trump, donde se produjeron enfrentamientos con manifestantes del Black Lives Matter a pocos días del brutal ataque policial al joven afroamericano Jacob Blake, en medio de la controvertida carrera electoral.

Salvador Soler

@SalvadorSoler10

Lunes 31 de agosto | 14:01

Desde el asesinato de George Floyd, los activistas vinculados al movimiento Black Lives Matters se vienen manifestando contra el racismo estructural en EE. UU. manifiesto en la violencia de la policía que rebalsa de supremacistas blancos. Las protestas se han revitalizado luego de los siete tiros que recibió el joven Jacob Blake en Wisconsin, mientras en Portland, que se mantiene movilizada hace tres meses, las protestas masivas contra la violencia policial y el racismo, con intensos enfrentamientos nocturnos entre un núcleo de manifestantes de Black Lives Matter y militantes antifascistas contra la policía, derivaron en choques con grupos de extrema derecha que salen a intentar controlar las manifestaciones alentados por Trump. Algo similar se había visto en Wisconsin con el llamado de la organización de derecha "Kenosha Guard" que hizo un llamado a "tomar las armas" contra las protestas antirracistas y terminó con un supremacista blanco de 17 años asesinando a dos jóvenes manifestantes. Los enfrentamientos en Portland culminaron con el tiro en el pecho a un derechista perteneciente al grupo “Patriot Prayer” (Oración Patriota).

El fin de semana tuvo lugar en Portland una caravana de manifestantes pro-Trump que levantaba la consigna "Di no al marxismo en Estados Unidos", donde participaban grupos provocadores de extrema derecha como los “Proud Boys” (Muchachos Orgullosos) los Hell Shaking Street Preachers y los organizadores “Patriot Prayers”.

Las provocaciones hacia los manifestantes de Black Lives Matters devinieron en violencia generalizada dirigida no sólo contra los manifestantes antirracistas y antifascistas, sino también contra los periodistas. Los ultraderechistas iban desde camionetas 4x4 con banderas norteamericanas y de la Confederación del Sur – perteneciente al bando esclavista durante la guerra civil - ostentando fusiles semiautomáticos considerados “armas de guerra”, disparando con pistolas de paintball, lanzando objetos y gas pimienta como puede verse en varios videos de redes sociales. Otros parecían estar armados con armas de fuego, cuchillos, e incluso llevaban unos extravagantes escudos de madera atravesados ​​por clavos. Pero además, cargaban con indumentaria y carteles de la campaña de “Trump 2020”, mientras que el mandatario cruzaba tuits contra los gobernadores demócratas por no controlar la “ley y el orden” en sus distritos.

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La retórica de Trump, no hizo más que fomentar las violencia. Por su parte, los gobernadores demócratas, lejos de las denuncias de Trump, han venido reprimiendo a los manifestantes con las policías locales, a las que incluso se las ha visto “trabajar” junto a las milicias armadas, autoras de los asesinatos en Wisconsin. Amy Herzfeld-Copple, subdirectora de la ONG Western States Center, con sede en Portland, ilustra esta situación en un correo electrónico: “La policía de Portland permitió que los grupos paramilitares y de extrema derecha sembraran el caos y desplegaran violencia contra la comunidad con aparente impunidad. "

En un video viralizado cerca del pico de las tensiones del sábado, un manifestante de derecha le rompió la mano a un periodista con un palo. El agresor fue identificado por el sitio de investigaciones Bellingcat el martes anterior como Travis Taylor, un “Proud Boy” con sede en Portland al que se había observado anteriormente asistiendo a manifestaciones callejeras violentas en la ciudad. Según comenta el diario británico The Guardian, se trató del día de mayor violencia en la ciudad la tarde “infame del 2018”, que también involucró a “Proud Boys”, quienes se acercaron de todo el país para asistir a un encuentro que culminó en otra feroz pelea callejera.

Más tarde, alrededor de las 20.30 hora local, un hombre perteneciente al grupo supremacista de los “Patriot Payers” recibió un disparo en el pecho. No está claro cómo fue el incidente ni quién fue el responsable del acontecimiento. Pero se da en un contexto de una creciente polarización social y de aumento de la violencia de grupos supremacistas armados contra los manifestantes antifa y afroamericanos.

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Estos enfrentamientos se dan al final de un mes agitado entre grandes manifestaciones convocadas por el movimiento Black Lives Matters en varias ciudades del país por los disparos de la policía contra Jacob Blake dejándolo hospitalizado y paralítico, que despertó una extendida solidaridad entre la comunidad deportiva norteamericana – entre ellos la NBA, el fútbol y el béisbol - y una enorme demostración en Washington a 57 años de la movilización en favor de los derechos democráticos afroamericanos comandada por Martin Luther King.

Pero además se dan dentro de la carrera electoral por la Casa Blanca, donde las encuestas dan una ventaja cómoda al candidato demócrata Joe Biden hacia noviembre. El presidente Trump ha utilizado a Portland reiteradamente como ejemplo de la necesidad de más mano dura con las protestas, y de cómo los demócratas, que gobiernan la localidad no son capaces de mantener el orden, a pesar de que en estos meses se ha demostrado que los demócratas están dispuestos a reprimir en los estados y ciudades que gobiernan. Este último jueves, durante su discurso de reelección al cierre de la Convención Nacional Republicana, volvió a acusar a los gobernadores demócratas de ser incapaces de controlar la situación exigiendo mano dura contra los manifestantes.

Vía Twitter, su red social preferida, dijo refiriéndose a lo que ha pasado en Portland, “no puede ser inesperado después de 95 días viendo a un alcalde incompetente admitiendo que no tienen ni idea de lo que está haciendo”. “La gente de Portland no va a seguir tolerando la falta de seguridad. El alcalde es un TONTO. ¡Lleven a la Guardia Nacional!“. El presidente ha convertido el mensaje de “ley y orden” en bandera electoral, para cohesionar a su base conservadora, y alcanzar a los votantes moderados que se le escapan con un discurso anticaos. Con este discurso que inflama más los ánimos y envalentona a las milicias supremacistas para atacar las manifestaciones antiracistas, busca también desviar de la conversación su gestión de la pandemia del coronavirus, que aún golpea al país. Los demócratas, por su parte, han hecho suya, aunque de manera hipócrita la causa racial mientras condenan los “incidentes violentos”, diferenciando a los manifestantes pacíficos para justificar la represión, y apelando a la figura del mal menor para intentar canalizar el movimiento hacia las urnas en las elecciones de noviembre.

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Tanto las los resultados dramáticos en Porltland como los de Winsconsin están anclados en la violencia que guardan las relaciones sociales racializadas en EE. UU., y como venimos viendo el bipartidismo norteamericano es funcional a mantener ese statu quo, donde la polarización expresada en las elecciones no apunta a la resolución de este problema estructural. A pesar del llamado de los demócratas a votar a Biden o la solución de Trump aumentando la mano dura, los manifestantes contra el racismo se mantienen en las calles incluso con una agenda propia exigiendo la abolición de la policía.






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