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Red Internacional

El Círculo Rojo. Sudáfrica: la variante Ómicron, crisis social y desigualdad

El país del sur de África ocupa las noticias en el mundo desde que se registro la nueva mutación del coronavirus, pero ¿Qué pasa en Sudáfrica y cómo lo golpea la desigualdad en el acceso a las vacunas?

Diego Sacchi@sac_diego

Viernes 3 de diciembre de 2021 | Edición del día

De esos temas hablamos en la columna sobre noticias internacionales del programa de radio El Círculo Rojo, que se emite todos los jueves de 22 a 24 hs por Radio Con Vos.

El pasado 26 de noviembre se informó en Sudáfrica el registro de una nueva variante del coronavirus, denominada B.1.1.529 y luego identificada como Ómicron por la OMS.

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Tiene más de 50 mutaciones, de las cuales 32 están en la proteína spike (la corona del virus), más del doble de lo que tiene la variante Delta

La revista Science en un artículo del 1 de diciembre asegura que la variante existiría desde 2020 y que se podría haber desarrollado a partir de un paciente con infección crónica, una población vulnerable o un reservorio animal.

Pero fueron investigadores de Sudáfrica los que “descubrieron” la variante y el aumento de los contagios, con esa variante como predominante, puso al país en el foco del mundo.

Las primeras resoluciones a nivel global fueron… Aislar a Sudáfrica, y luego a la región, básicamente restringiendo los viajes desde y hacia esa parte del mundo, como si esto impidiera que la pandemia continúe.

Obviamente esta medida no resuelve el problema de fondo e incluso puede ser un impacto negativo para uno de las principales economías de África subsahariana. Sudáfrica comparte el podio junto con Nigeria entre las dos economías más importantes de la región.

Tiene dos de los principales puertos de la región, el Puerto de Durban y el de Richards Bay. Grandes explotaciones mineras, en manos de empresas extranjeras, varias de las principales fábricas automotrices y un sector agrario que produce para la exportación.

Al mismo tiempos es un país con enormes desigualdades, donde el 34% de la población está desocupada, con millones de personas que siguen viviendo en condiciones precarias.

Una situación que la pandemia empeoró, y que explica el aumento de las protestas, como la reciente huelga de más de 150000 trabajadores metalúrgicos.

En este contexto algo muy importante para terminar con la pandemia, la vacunación, sigue estando retrasada. Si el promedio mundial hay unas 100 dosis por cada 100 personas, por ejemplo Argentina tuvo 148 dosis cada 100 personas, en Sudáfrica solo se llega a 42 dosis por cada 100 personas.

En África en general, la cifra de vacunados es del 7%, aunque hay países donde prácticamente nadie se inoculó, como Burundi (0,0025%), República Democrática del Congo (0,06%) y Chad (0,42%).

Hace unos días la revista Science informaba que “mientras que el 66% de la población de los países de ingresos altos está completamente vacunada, solo el 2,5% de la población de los países de ingresos bajos está completamente protegida”.

En este escenario, se entiende cómo la mutación de coronavirus encuentra terreno para crecer, haciendo que el fin de la pandemia parezca más difícil de alcanzar.

Según un informe presentado por Amnistía Internacional para fines de 2022, productores de vacunas como BioNTech, Moderna y Pfizer habrán ganado en conjunto 130.000 millones de dólares.

Medidas elementales como la liberación de las patentes, los secretos comerciales y la transferencia tecnológica para producir las vacunas, se impiden para garantizar las fabulosas ganancias de los laboratorios, incluso a costa de condenar a un continente entero.




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