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Ser minero despedido en cuarentena: crónica de un testimonio

La cuarentena lleva tres meses y uno de cada dos trabajadores registrados en Argentina han sufrido algún tipo de ataque a sus condiciones de vida desde el inicio del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio. Los trabajadores de la mina Proyecto Lindero son parte de ese número. Aquí el testimonio de uno de ellos.

Domingo 21 de junio | 14:40

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La mañana estaba escarchada, nublada y húmeda y los trabajadores despedidos de Proyecto Lindero daban inicio a su cuarto día de acampe afuera de las oficinas de Mansfield. Hoy ya están por el día 12 de lucha.

Fueron despedidos de la obra de construcción de la planta, un yacimiento de oro y la primer mina a cielo abierto de la provincia.

A mi me faltaban dos cuadras para llegar y ya escuchaba los redoblantes y bocinazos, algunos a modo de apoyo y de forma solidaria, otros con disgusto por ver interrumpido su tránsito matutino. Los últimos, molestos desde la calefacción de sus autos, todavía deben poder llevar comida a sus casas. Apuré el paso.

En cuanto llegué, divisé a algunos de los pibes de la Red de precarizados por sus máscaras de La Casa de Papel. Levantaban carteles en solidaridad con los trabajadores. Tremendo lo que vienen impulsando en todo el país, pensé. Preparaba el mate mientras saludaba a todos. Algunos me respondían con sonrisas cansadas. Entre caras conocidas y algunas nuevas lo vi a Ramiro, lo reconocía por alguna entrevista en algún medio. Con ganas de convidarle un mate me acerqué. Él tenía sus manos encadenadas e hizo un gesto con las manos hacia arriba a modo de saludo. Mientras me presentaba, nos acomodamos a un costado del estruendo de los redoblantes, en la vereda de la avenida Reyes Católicos. Se presentó él también y me contó que era supervisor en la obra. Contratado, al igual que sus 250 compañeros despedidos, por Electrificadora del Valle, EDVSA. Una contratista de la minera de capitales canadienses Mansfield S.A. También me hizo saber que habían pasado la noche con frío, sueño y hambre. En pleno mes de junio es de esperar, pensé.

Era casi media mañana y lloviznaba. Los trabajadores habían tomado la decisión de cortar el carril completo. Ramiro se frotaba las manos en un intento de calentarlas. Y me dice que a ellos los bajaron de la obra ubicada a 75 km de Tolar Grande el 18 de marzo por la pandemia en curso. “Ahí la empresa aprovechó para despedirnos. Nos despidieron por whatsapp”. En más de 80 días la empresa no realizó los trámites para que los 250 trabajadores despedidos pudieran cobrar el fondo de desempleo o siquiera para darse de baja en la ANSES y AFIP, para poder recibir el IFE. “Hemos cobrado una mala liquidación, porque nos han liquidado por 5 horas por día, cuando nosotros trabajábamos 12 horas por día y tampoco nos pagan por zona desfavorable", me ciontó Ramiro.

"Si nevaba, nosotros lo mismo trabajábamos"

Iban pasando los mates y la mañana parecía menos fría y pensé en las condiciones climáticas allá arriba en la obra y pregunté por ello. “Nuestras condiciones de trabajo eran terribles, porque si nevaba nosotros lo mismo trabajábamos hasta con 20 grados bajo cero, si llovía lo mismo trabajábamos, si corría viento lo mismo trabajábamos”. Podía percibir la bronca en su voz y yo trataba de agudizar el oído entre el sonido de los redoblantes que seguían animando el ambiente de lucha.

“Vivíamos en contenedores, en un contenedor eran 6 compañeros. Hemos reclamado por las malas condiciones habitacionales, por las malas condiciones en los baños. Los baños se inundaban, en invierno las cañerías se congelaban y no nos podíamos bañar porque no había agua caliente. Pasábamos 3 o 4 días sin bañarnos. Algunas veces nos daban comida en mal estado. Y vos no podés reclamar nada allá arriba porque si reclamabas algo, y encima no tenías al gremio, te corrían ahí nomás. En la empresa había muchachos que reclamaron y así les fue, los corrieron". El testimonio era terrible. Ramiro hizo un silencio y pude ver el cansancio en cada gesto suyo.

“Yo soy de Orán, tengo compañeros de Orán, de Aguaray, de Tartagal, de Metan, de Rosario de la Frontera. Yo tengo cuatro hijos menores de edad y mi esposa está embarazada de siete meses con embarazo de riesgo. No tengo qué darle de comer a mi familia y en esta situación estamos todos los despedidos. Los 250 trabajadores despedidos. Es muchísimo 250 familias sin trabajo de la noche a la mañana y por whatsapp. Mi señora me pide por favor que vuelva, que me necesita por su embarazo de riesgo”. Pude percibir un quiebre en su voz, a lo que hizo una pausa para finalmente afirmar contundente que “hay que seguir luchando. No tenemos para comer en la casa. Así que acá vamos a estar hasta que se solucione”.

La mañana siguió avanzando y los intercambios con los trabajadores también. El testimonio de Ramiro, como el de cada uno de sus compañeros reflejaban de conjunto la radiografía de una crisis que la están pagando las familias trabajadoras. Mientras tanto, las ganancias de las grandes empresas no ven afectado ni un solo peso.

Hoy es domingo, el sol raja el suelo de cada hueco de la provincia. En el acampe, los trabajadores siguen en la lucha y anuncian una nueva movilización para este martes. Quieren la reincorporación de los 250. Cueste lo que cueste y caiga quien caiga.






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