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Red Internacional

El 3 de abril el presidente Truman firmó el texto de la Ley de Cooperación Económica. Una gran inyección de capital sobre las destruidas economías de Europa, en el contexto de la segunda posguerra y el espectro de la revolución.

Sábado 3 de abril | Edición del día

En la imagen, George C. Marshall.

En Estados Unidos, en 1947 el secretario de Estado, George Marshall, presentó el “Plan Europeo de Recuperación” (European Recovery Plan), que se conoció como Plan Marshall. El 3 de abril de 1948 el presidente de EE.UU., Harry S. Truman, firmó el texto de la Ley de Cooperación Económica, norma que lo puso en marcha y que el día anterior había sido aprobado en el Congreso.

El Plan Marshall implicó una gran inyección de capital por parte del Estado norteamericano sobre las destruidas economías de Europa luego de terminada la Segunda Guerra Mundial, junto con la previa creación de organismos multilaterales tales como el FMI o el Banco Mundial.

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Estados Unidos salió como potencia hegemónica después de la Segunda Guerra Mundial, y negoció con la burocracia estalinista los pactos contrarrevolucionarios de Yalta y Postdam que dividieron al mundo en zonas de influencia, que permitieron en la posguerra la derrota y el desvío de la revolución en países centrales como Italia, Francia, o Grecia.

Esta reconstrucción que promovió Estados Unidos fue una política orientada en gran parte a frenar el avance de la revolución en el contexto de la situación de destrucción y miseria en que habían quedado los países imperialistas después de la guerra. El imperialismo norteamericano tenía la necesidad política de desterrar el peligro de revolución.

¿En qué consistió el plan?

Entre 1948 y 1951, Estados Unidos destinó más de 13.000 millones de dólares a la reconstrucción de 17 países europeos, a través de la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE, actualmente OCDE). La suma total de este monto representa unos 90.000 millones de dólares actuales. De ese total, los países que más recibieron beneficios fueron Reino Unido (24 %) y Francia (20 %). Éric Toussaint, fundador del Comité para la abolición de las deudas ilegítimas (CADTM), señaló que “Washington exigía a los Estados que aceptaran la ayuda varias contrapartidas: de entrada, que los países europeos coordinaran los gastos de reconstrucción en el seno de la OECE. De este modo, reforzando el bloque opuesto al soviético, Estados Unidos contribuyó a la cooperación europea, preludio de la construcción europea. Por otra parte, exigía que el dinero prestado sirviera para comprar productos de la industria estadounidense”.

Algunos aspectos del programa incluyeron: subsidios, financiación a la construcción de obras de infraestructura, ferrocarriles, obras de agua, medicamentos, programas de asistencia técnica (europeos viajaron a industrias de Estados Unidos para aprender nuevas técnicas), Ford Motor Co. en Gran Bretaña recibió fondos para reemplazar las máquinas, herramientas necesarias para producir automóviles, camiones y tractores para la exportación, y también hubo exenciones de impuestos para las exportaciones e importaciones de varios productos, entre otras medidas.

Ernest Mandel, dirigente trotskista belga, en el libro “El significado de la Segunda Guerra Mundial” señala que a través del Plan Marshall, “los países participantes se integraron a un mercado mundial regido por la ley del dólar americano como medio universal de cambio y pago y el poder político y militar de EUA como el arma secular de ese dominio sagrado”.

¿Permitió la recuperación económica?

¿Fue exitoso el Plan Marshall? Las políticas keynesianas de estímulo de la demanda efectiva (gasto de consumo, gasto de inversión y gasto público) resultaron exitosas, pero eso ocurrió sólo después de la destrucción de la guerra y de las derrotas de los procesos revolucionarios particularmente en los países centrales.

La reconstrucción del capitalismo bajo la hegemonía de Estados Unidos se expresó en un crecimiento económico relativamente prolongado, y esencialmente en los países centrales hubo un boom de producción y consumo con grandes ganancias y salarios altos. Pero, el boom de la posguerra halló su límite hacia fines de la década del ’60 como explica la economista Paula Bach.

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El liderazgo económico norteamericano comenzó a verse amenazado por Alemania y Japón que luego de haberse recuperado, mostraban un nivel de productividad creciente. La baja de la tasa de ganancia del capital, el ascenso de masas que empieza en el año 1968, y el fin del orden monetario de Bretton Woods (que había establecido la paridad dólar-oro), son algunos de los factores que mostraron que las condiciones excepcionales del boom de posguerra llegaban a su fin.

En este contexto, las políticas keynesianas fueron ineficaces. Luego de décadas de crecimiento, el capitalismo no pudo evitar las crisis recurrentes (como la del petróleo en el 73, en el 87, 89- 91, 2000-01, 2008 y 2020 con el covid-19) con nefastas consecuencias para la clase trabajadora.




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