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GATILLO FÁCIL EN EL BAJO FLORES

Maestra de Facundo, asesinado por gendarmes: "Otra familia más destruida por la injusticia"

Reproducimos una conmovedora carta de Rocío Cerrizuela Sawer, maestra de sexto grado de Facundo Scalzo, asesinado hace unos días por la espalda por la Gendarmería Nacional en el Bajo Flores.

Lunes 22 de junio | 13:04

Facundo Scalzo tenía 20 años, fue asesinado de un tiro en el pecho por la Gendarmería Nacional en el Bajo Flores. Las versiones oficiales dicen “tiroteo”, pero los videos muestran un asesinato a sangre fría y eso en el barrio lo saben todos. Mientras la ministra de seguridad nacional Sabina Frederic guarda silencio, en el barrio exigen justicia.

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Reproducimos esta conmovedora carta de su maestra de sexto grado, Rocío Cerrizuela Sawer:

Anoche me dormí llorando. De dolor. De impotencia. Mataron a Facu

Cuando uno empieza a trabajar en una escuela donde sabe que la mayoría de la población se compone de pibes y pibas de la villa, entiende que el trabajo que tiene que hacer es distinto. No porque sea mejor o peor, simplemente distinto. Uno sabe que tiene que despertar en ellos una inquietud por la justicia y por todo lo que está bien, mucho mayor que en otras poblaciones, porque están marcados por la sociedad, la cual lleva un montón de prejuicios y de ignorancia, que les pone a todes el rótulo humillante de ‘delincuentes, narcos, drogadictos’.

Uno se siente en la obligación de ayudarlos a salvarse de esa escoria en la que nacen enterrados: la escoria de la sociedad mediocre, la sociedad de la meritocracia, la que no los reconoce como personas en igualdad de oportunidades, incluso, siendo solo niñes. Elles necesitan otras herramientas para poder manejarse en un mundo extremadamente hostil. Tan hostil, que puede matarlos.

Facundo Scalzo fue mi estudiante en la escuela 24 del distrito 11, en el bajo Flores, sexto grado, año 2011. Siempre bien arreglado y con una sonrisa pícara. Tenía muchos amigos y le gustaba jugar a la pelota. Facu tenía, en ese momento, dos hermanos, a los que defendía a muerte: él era el mayor. Cariñoso, curioso, y, a veces, exasperante, como todo chique, no faltaba jamás a la escuela.

Como su profesora, durante ese año, y como profesora de uno de sus hermanos, un tiempo después, conocí a su familia. Su madre era una cara conocida en la escuela porque siempre iba a las reuniones y a los actos. También, como empleada del concesionario de comedores escolares donde trabajaba pasó a formar parte del personal de la cocina de nuestra escuela, por lo que estaba todos los días con nosotros.

Los recuerdos unidos… y de pronto pienso en Andrea... y de pronto en que anoche leí que Facundo tenía una hija pequeña… y pienso en sus hermanos. Y pienso sobre todo en él tratando de huir de las balas de esos gendarmes, en la puerta de un merendero, en el barrio donde vivió toda su corta vida.

Otra familia más destruida por la injusticia, por los preconceptos de una sociedad retrógrada, que sigue creyendo que les pibes de las villas no sólo son delincuentes, sino que no tienen derechos a las mismas oportunidades que ‘el resto de la sociedad’, destruida por la impunidad que ese pensamiento les otorga a diversas fuerzas armadas, como el caso de Gendarmería, que ayer mató de cuatro balazos por la espalda a Facundo.

Esa misma sociedad que forma la opinión pública y que se debe estar preguntando ’qué habrá hecho para que Gendarmería le dispare’, y que sospecha que fue un tiroteo, y además aseguran que Facundo estaba armado e insisten con que él huía y que no dejan de repetir que era un delincuente. Facundo estaba limpio: ni arma ni antecedentes.

¿Y qué hacemos ahora?

Las palabras de Rocío nos dejan pensando, quiénes son los responsables, cómo hacer para que haya justicia para Facundo y su familia, para que cosas como estas no vuelvan a pasar. Un primer paso es organizar la bronca, para que los culpables sean condenados, pero también para terminar con la militarización de las villas. No fueron tres gendarmes, es toda la institución.

Ayer fue Rafal Nahuel, y hoy es Facundo. Hay que terminar también con el discurso criminalizador, nada puede ser justificativo para una ejecución sumaria. Es tiempo de decir basta como en EEUU con la lucha por justicia para George Floyd.






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