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La odisea de viajar en tiempos de cuarentena

Millones de trabajadores son afectados por la reducción del servicio de transporte durante la cuarentena. El hostigamiento patronal y la inacción de las direcciones sindicales se suman al peligro de la propagación del virus. Reorganizar el servicio transporte al servicio de las mayorías se hace necesario.

Daniel San Martín

Agrupación Marrón / PTS @danisanmart_

Domingo 5 de abril | 16:40

Moises Santini @elmoi_11

“Hoy a la mañana fui a trabajar pero no pude llegar. No había colectivos porque no salían de acá. Estuve desde las cuatro y media de la madrugada esperando, se hicieron las ocho y media y nada. Pasaban para el Mercado Central y de otros ramales, pero esos no me dejan. Imaginate, tengo que viajar durante una hora y pico para después volver a San Justo. Ahora está re complicado viajar a la mañana, también la vuelta nos afecta”. Esto relata Juanjo, un joven trabajador de supermercado que durante la semana debe dejar su casa pese al aislamiento obligatorio.

Aunque no hay una cifra oficial, de acuerdo con estimaciones privadas, son alrededor de cuatro millones los trabajadores que se ven obligados a salir cada mañana para dirigirse a sus trabajos en el marco de la cuarentena, porque sus patronales mantienen la producción o necesitan ganarse el sustento diario para comer. “Nos dicen que somos esenciales, pero eso para que los dueños se llenen de plata”.

Según la empresa de transporte Ideal San Justo, normalmente “la frecuencia de servicios desde Plaza Constitución a Isidro Casanova los días hábiles es de dos minutos entre coche y coche.” Esto representa una frecuencia estimada de cada ramal de 15 a 20 minutos. En caso de tomar como válido este dato, la realidad es que durante estos días la cantidad de colectivos se redujo drásticamente. Es decir, que para no ver afectados sus gastos a partir de las medidas de distanciamiento social, circulan como un día feriado en el mejor de los casos. Además, el retraso cotidiano causado por el cumplimiento de las elementales medidas de subir por la puerta trasera y la obligatoriedad de que todos los usuarios viajen sentados,pone en juego el plus por presentismo con el cual las familias cuentan para llegar a fin de mes.

Evidentemente, para las patronales de los sectores esenciales consideran que son días normales. Las ocho horas diarias, que en muchos casos se convierten en doce, sumado al tiempo de espera perdido, hacen los días interminables. Esto no es retribuido de ninguna forma.

A los abusos patronales en diferentes supermercados se suma el hostigamiento policial con la verificación diaria del permiso para circular, caso contrario, marche preso. “Me bajaron del bondi, me gritaron, mostré el permiso pero me dijeron que no servía. Me re putearon y me mandaron para mi casa sin dejarme ir a laburar, pero porque tenía ese papel, porque a los pibes qué salían a laburar pero no tenían eso, se los llevaron a todos presos. Estaban todos con sus bolsitos, a esa hora salís solo para laburar”.

El temor de los esenciales

El temor al contagio de coronavirus es una constante entre los trabajadores que deben cumplir tareas pese a la cuarentena. La exposición al contagio ante la falta de medidas de seguridad e higiene elementales son una preocupación. Dejar nuestra salud a manos de los que se llenan de plata a costa nuestra no puede generar más que “una sensación de inseguridad que aumenta si encima nos exigen cumplir horarios, portar permisos para transitar y no se nos respalda a través de medidas que eviten los descuentos, sanciones, las suspensiones o los despidos”, explica con indignación Juanjo.

El SEOCA, sindicato de empleados de comercio dirigido por Rubén Ledesma, no ha sacado ni una declaración sobre la situación de los trabajadores. Ni hablar de ponerse a disposición para organizar la respuesta frente a los abusos patronales. El decreto contra los despidos no rige para los contratados, quienes son mayoría en los supermercados, además al no ser retroactivo al inicio de la pandemia, ratifica miles de despidos.

“Nosotros somos esenciales solo para los dueños, además hubo mucho aumento de precios, y sobre todo en productos de higiene y limpieza, lavandinas, limpiadores de piso”. Las consecuencias de la especulación empresaria que aprovechan la pandemia para aumentar los precios generan bronca en los trabajadores de supermercados e indignación y furia en quienes van compran para sobrevivir.

El transporte al servicio de la población

“Con la cuarentena el viaje es más garrón que lo normal”, sentencia Juanjo. La falta de planificación de la economía capitalista en general, y del transporte en particular, que pone por delante las ganancias convierte al viaje en una verdadera odisea. Con o sin cuarentena y coronavirus, la poca frecuencia es evidente por el caudal de gente y el hacinamiento.

Ante esta crisis, de forma inmediata se deben garantizar las frecuencias, el boleto gratuito a los trabajadores esenciales y las condiciones sanitarias elementales para evitar la propagación del virus.

Se hace evidente que para los empresarios, el tiempo y la vida de las personas no son pensadas más que como un negocio. Ante esto se hace urgente poner en pie comisiones de seguridad e higiene conformadas por choferes y usuarios. Los únicos verdaderamente interesados en nuestra salud y la calidad del servicio. Esta sería la base para pensar una verdadera planificación del servicio de transporte público bajo control de los trabajadores.






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