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Red Internacional

Europa. La guerra sucia de Turquía hace estragos en Kurdistán

Desde principios de año, Turquía libra una guerra sucia contra Kurdistán, aterrorizando a la población civil con armas químicas y ataques con drones. ¿Qué hay detrás de la acción? La cobertura de la OTAN y la venta de armas de parte de Alemania.

Martes 16 de agosto | Edición del día

Desde principios de año, Turquía ha estado librando una guerra sucia contra Kurdistán, que está teniendo un impacto particularmente fuerte en la población debido al ataque contra instalaciones civiles con armas químicas y ataques con aviones no tripulados.

El régimen turco de Recep Erdoğan y su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) está bajo presión, actualmente en peligro de perder su mayoría en las elecciones del próximo año.
Para asegurar su dominio y desviar la atención de la cada vez mayor crisis social del país, el régimen está tratando de “probarse” a sí mismo con algunos éxitos en el campo de la política exterior.

El gran chovinismo otomano es uno de los andamios ideológicos más fuertes sobre los que se construye el gobierno de Erdogan y el AKP, lo que conlleva a la incitación al odio y el racismo hacia la población kurda. Desde principios de este año, uno de los aspectos centrales de la política exterior turca han sido los ataques ampliados contra Kurdistán, todos ellos destinados a subyugar a los kurdos e integrar su territorio a Turquía.

Los ataques turcos son particularmente brutales. Desde enero, no ha pasado un solo mes sin varios ataques con drones que hayan resultado en un gran número de muertos y heridos. La fuerte resistencia de las guerrillas kurdas ha obligado a Turquía a adoptar una estrategia destinada a desgastar a la población civil como una forma de derrotar militarmente la autoorganización del pueblo kurdo y también quebrarlo psicológicamente a largo plazo.

No se trata solo de los ataques con drones; Turquía también usa armas químicas de forma regular, que a menudo se depositan en el suelo y siguen siendo mortales cuando el polvo se levanta en los meses siguientes. Muchos de estos agentes de guerra química atacan el sistema nervioso y pueden causar discapacidades graves y daños psicológicos. Es notable en este contexto que Turquía es miembro de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), que está controlada centralmente por la OTAN, de la cual Turquía también es miembro. Hasta el momento, la OPAQ no ha investigado las acciones de Turquía. Turquía también está cooperando con Rusia al garantizar que no haya obstáculos para los planes de guerra de este último para la región autónoma kurda.

El apoyo a Turquía no solo viene en forma de ayuda de la OTAN para encubrir el uso de gas venenoso por parte de Erdogan. El país ha disfrutado durante mucho tiempo de una asociación política clave con Alemania, que es uno de los proveedores de armas más importantes de Turquía .

En 2019, por ejemplo, un tercio de todas las exportaciones de armas alemanas se destinaron al ejército turco. Pero Turquía también puede confiar en Alemania a nivel político, ya que el gobierno alemán continúa con su represión masiva contra los activistas kurdos en su propio territorio como se refleja, por ejemplo, en la aplicación brutal de la prohibición del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), la prohibición de las editoriales Mezopotamya y MIR Verlag , y extradiciones periódicas de activistas directamente a Turquía. Solo en los primeros cinco meses de 2022, 206 personas fueron deportadas de Alemania a Turquía, que sitúa este año a un ritmo de 490 expulsiones de este tipo (frente a las 361 del año pasado). Angela Merkel criticó suavemente la ofensiva turca en Kurdistán durante su última visita a Turquía en octubre de 2021, pero no ha habido consecuencias políticas a largo plazo para el régimen de Erdogan.

Ante esta perspectiva lo que se requiere es solidaridad entre los trabajadores de Kurdistán, Turquía y Alemania. En Alemania, las demandas centrales deberían ser el cese inmediato de las exportaciones de armas a Turquía y el levantamiento de la prohibición del PKK. Los ejes centrales de la actividad en Alemania deberían ser las demandas de detener las exportaciones de armas a Turquía y el levantamiento de la prohibición del PKK. No podemos ser tímidos, como los sindicatos británicos que publicaron una carta abierta denunciando la guerra turca contra el Kurdistán, pero en el marco del pacifismo burgués. Tenemos que expandir la solidaridad internacional dentro de Alemania, confrontar la burocracia sindical que está colaborando con el imperialismo alemán y llevar las demandas de detener las exportaciones de armas y el levantamiento de la prohibición del PKK a la Confederación de Sindicatos Alemanes (DGB).

En este contexto, los trabajadores portuarios en huelga podrían desempeñar un papel clave para hacer cumplir estas demandas. Tienen la capacidad de bloquear las exportaciones de armas a Turquía. En Hamburgo, por ejemplo, ya han lanzado una iniciativa para detener los envíos de armas y así ayudar al movimiento kurdo.

Este artículo fue publicado originalmente en alemán el 11 de agosto, en el sitio Klasse Gegen Klasse (Clase contra Clase), parte de la Red internacional La Izquierda Diario.




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