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EDUCACIÓN UNIVERSITARIA

La educación universitaria a distancia es un fracaso y miles de estudiantes se quedan sin clases

A un año del anunciado “Plan Universidad en Casa” la situación de la educación universitaria es precaria y muy pocos estudiantes pueden seguir viendo clases en la modalidad online. En aquel momento el ministro César Trómpiz anunciaba con bombos y platillos una serie de medidas que ante los ojos sensatos de la mayoría de la comunidad universitaria eran imposibles de llevar.

David Rivas

Sociología UCV / @DavidRivasLTS

Domingo 18 de abril | 11:26

En abril del año pasado tras la anunciada cuarentena para frenar los contagios del por aquel entonces “nuevo virus”, el gobierno nacional elaboró un plan para continuar las clases desde casa. El “Plan Cada Familia Una Escuela” destinado a la educación básica en el territorio nacional tuvo su par en la educación universitaria, llamado “Plan Universidad en Casa”. Mientras el ministro anunciaba que el 90% de las universidades se plegaban al plan, profesores y estudiantes veían con preocupación la continuación de las clases.

Por aquel entonces las dificultades se hacían manifiestas: pésimos servicios de comunicación o muy caros en otros casos, precaria disponibilidad por parte de estudiantes y docentes de equipos personales adecuados (computadoras obsoletas, dañadas, o directamente sin computadoras en casa), salarios verdaderamente de hambre para los docentes y la necesidad tanto de estudiantes como de docentes de dividir sus tiempo entre las clase online y los múltiples trabajos necesarios para afrontar la cuarentena, el colapso del sistema de transporte que hace pasar muchísimo más tiempo del necesario en los traslados para diligencias y trabajos, etc. ¿Qué ha pasado luego de un año del “Plan Universidad en Casa”?

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De mal a peor, la situación de las clases universitarias un año después

Unas de las directrices del plan era la de clases por llamadas web, por medio de aplicaciones como Skype, Meet, WhatsApp o Zoom, ya entonces anunciábamos las dificultades que implicaba la utilización de estas herramientas en un país donde solo el 60% de los hogares cuentan con una conexión de internet estable. Tomemos en cuenta la evidente precarización del servicio en un año donde en general los servicios de telecomunicaciones se han saturado a nivel nacional con la pandemia. A lo que se sumaba –y se suma– el colapso también del sistema eléctrico, que implica que en muchas casas haya interrupciones cada cierto tiempo de la electricidad, o incluso se pasen días enteros sin luz, dependiendo la zona del país donde se encuentren. También cabe acotar el aumento de costo de los servicios de internet y telefonía que han venido sucediendo desde enero del 2021; tarifazos sin anunciarlos, pero que pesan sobre los magros ingresos populares.

En cuanto a los salarios de los docentes universitarios la situación dibuja un escenario catastrófico aun mas que el esbozado hace un año. En abril del 2020 el salario de un profesor titular según la escala era de 959.110 BsF. unos 5.61$ al cambio. Hoy por las contantes devaluaciones se estima que el mismo sueldo no llega ni a 4$, con discusiones y promesas de anclar el sueldo de los docentes al Petro, promesa que ya se había hecho años atrás con todos los trabajadores. El gobierno busca endulzar a los trabajadores universitarios, lo cierto es que al día de hoy los sueldos de los profesores son casi alegóricos.

El tema de la deserción es otro a tratar, según Jesús Mendoza, consejero universitario de la UCV, solo el 50% de las escuelas están dando clases online (cifras dadas a enero de este año). “Solo la mitad de las escuelas están en clases, pero los estudiantes no cursan todas las materias”, también sentencia el consejero universitario.

Por la falta de disposición de los profesores (alegando las dificultades de atender muchos estudiantes bajo esa modalidad, o por los gastos en telecomunicaciones, o por no poseer los equipos personales adecuados), por la ausencia de docentes (dadas las renuncias), y la falta de infraestructura adecuada, se está permitiendo en algunos casos solo inscribir 3 materias por alumno, y cada sección no debe tener más de 20 estudiantes. Es decir, restricciones que hacen que una porción importante de los estudiantes regulares quede por fuera de poder cursar su semestre.

Bajo estas condiciones miles de estudiantes están abandonando sus carreras o simplemente alargando considerablemente sus años de estudios, en muchos casos lo que representa la única oportunidad de adquirir un mejor puesto de trabajo con sueldos un poco menos que pírricos.

El fracaso total de un plan a espalda de los trabajadores, estudiantes y docentes universitarios

Según el ministro de Educación Universitaria, César Trómpiz, el año pasado se entregaron 85.000 tablas a los docentes para impartir las clases online, lo que denuncian los docentes es que esas tables con sistemas operativos obsoletos (Android KitKat 4.4 data del 2014) poco pueden servir para impartir clase por las recientes aplicaciones como Skype, Meet, WhatsApp o Zoom, además de cuestionar las cifras, ya que muchos profesores declaran no ser incluidos en la entrega de equipos.

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¡Es que es inamisible!, que a un año del plan del gobierno para continuar los estudios a distancias, haya mínima o nula organización, donde no se garanticen sueldos que permitan vivir a los docentes y trabajadores, que muchos estudiantes tengan que optar entre ir a trabajar, hacer rebusques o estudiar, y los que aun pueden hacerlo no puedan inscribir todas sus materias. Que los servicios públicos no den para todos y todas, que sea imposible con un salario mensual adquirir equipos tecnológicos, como celulares, tablas o computadoras que garanticen la educación a distancia.

¿Y qué decir de las autoridades universitarias?

Como suele suceder, las y los universitarios enfrentamos por lo general dos frentes de problemas, el que hace al gobierno nacional y el otro del gobierno interno de las universidades. Lo que siempre ocurre es que se pelotean los problemas, o que uno señala con el dedo acusador al otro, evadiendo sus propias responsabilidades.
Por el lado de las autoridades de las universidades públicas autónomas, la norma ante este “plan” y ante las necesidades de la comunidad universitaria, ha sido la negligencia, la inacción. En el caso de la Universidad Central, la ausencia de alguna planificación mínimamente seria y de búsqueda de soluciones, ha marcado la pauta.
A esta actitud irresponsable de las autoridades, se suma el hecho objetivo de la fuerte decadencia de la universidad, expresada en la amplia ausencia de personal, no solo docente, sino también administrativo y obrero, dadas las renuncias para dedicarse a otros trabajos o para migrar fuera del país. Lo cual es un obstáculo adicional para las labores mínimas del quehacer universitario.

¿Hay solución a este desastre?

No nos cansamos de decir que la clave esta en la lucha y la unidad de todos los sectores universitarios, docentes, trabajadores, administrativos y estudiantes. La recuperación de la educación pública parte de la exigencia desde las bases a los centros de estudiantes, sindicatos y organismos afines a la organización de planes de lucha para recuperar la universidad. Así mismo las bases tenemos que organizarnos en comités de base y asambleas (presenciales o virtuales) para discutir la situación actual de la universidad y buscar salidas en conjunto. Ya hemos visto varias manifestaciones de calles de profesores y trabajadores universitarios en los últimos meses, pero no es suficiente, en la unidad está la fuerza necesaria para comenzar a cambiar la angustiante realidad actual.






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