Internacional

TRIBUNA ABIERTA

La decadencia de la burocracia sindical española

La noticia se sabía desde Octubre pasado, pero hoy ha adquirido más virulencia cuando Rafael Torres, sindicalista de UGT, miembro de la Comisión de Control de Caja Madrid, ha admitido en sus declaraciones ante el Juez, que la gran mayoría de los cargos de su tarjeta “black” se destinaron a pagar gastos sindicales como pancartas, comidas, hoteles y viajes, y una pequeña parte, para gastos relacionados con su cargo en la Comisión de control como “vestuario, teléfono móvil, gastos de kilometraje y gasolina”.

Luis Osorio

Tribuna abierta

Sábado 14 de marzo de 2015

El diario El País lleva la noticia al lugar más destacado de su portada este viernes. Esta situación, al parecer, era conocida por todos los órganos del sindicato, y figuraba en los Informes anuales de la CE de la FES, que llega a los afiliados y se supone también a los congresos del sindicato.

En las declaraciones de su Secretario General José Miguel Villa, se justifica esta praxis, si bien se añade que si hay algo ilegal, “según lo estime el Juez Fernando Andreu, devolverán el dinero”.

En nuestra opinión, al margen de la legalidad del Juez Andreu, la legitimidad del llamado sindicalismo de clase no avala para nada estos comportamientos. Cuando se fundó la UGT en el año 1888, se hizo porque se pensaba que la clase obrera necesitaba sindicatos propios, partidos propios, independientes de la burguesía, que representasen los intereses de los trabajadores, que son contrapuestos a los de los patronos, y que esas organizaciones deberían ser, además, instrumentos útiles en la lucha por la sociedad socialista. Hoy dichos sindicatos de clase son más necesarios que nunca.

Aquí nos encontramos, en la práctica, con un ejemplo en el que esa total independencia política y organizativa con respecto a la Patronal queda totalmente en entredicho. Es la Patronal de la Caja de Madrid la que paga los gastos del sindicato, y además a través de un instrumento como las tarjetas black, que se entregaban de manera totalmente discrecional a quien los Jefes de la Caja, con Blesa y Rato a la cabeza. decidían.

Como dice el refrán: “Quien paga al flautista elige la melodía.”
Surge inmediatamente una pregunta, ¿Esas tarjetas se entregaban porque los señores antedichos actuaban como almas generosas y caritativas, o bien se entregaban a cambio de “algo”?. En 1998 los dirigentes de Izquierda Unida y CCOO, firmaron un pacto con Blesa, que aunque podía tener algún aspecto positivo para determinados colectivos de trabajadores, en esencia consistía en apuntalar el poder de Blesa y su camarilla. A cambio surgió la extensión de las tarjetas Black, también a los sindicalistas de CCOO, e IU, y también a políticos del PSOE y sindicalistas de UGT.

En otras palabras, que la política de colaboración de clases y pacto social, con la consiguiente desmovilización de los trabajadores que ha significado, fue la causa de fondo, y su consecuencia las tarjetas Black. Muy probablemente una gran “inversión” para la Patronal de la Caja, que se cobro en menos sueldos para los trabajadores y perdida sistemática de sus derechos laborales. Por tanto el fondo del problema es que esas tarjetas son un pago por la pérdida de la independencia política que constituyó antaño una seña de identidad fundamental del sindicalismo de clase. En otros casos se compra a dirigentes obreros para que voten lo que a la dirección le gusta, pero en este caso estamos ante una variante.

Ese dinero, o una parte importante del mismo, Rafael Torres lo entregaba al sindicato y este lo aceptaba con absoluta normalidad. Esta práctica bastaría para demostrar hasta qué punto los actuales dirigentes del sindicato han olvidado-si es que alguna vez los han comprendido-todos los principios, incluidos los más elementales del sindicalismo de clase. El delegado sindical solo se beneficiaba de la black para pagarse sus gastos de “vestuario”, porque se supone que para ir a la Comisión de Control de Caja Madrid no podía ir vestido de trabajador, sino que tenía que vestirse de burócrata.

Pero el sindicato no solo se “olvidó” de la legalidad o legitimidad de las ideas de clase, de las ideas fundacionales, de las ideas que dieron lugar al sindicalismo de clase independiente de la patronal, democrático y combativo, sino que además la legalidad del Juez Andreu, es la única que reconocen, y por eso están dispuestos a devolver el dinero si Su Señoría así lo decide.

Pero hay más actores en esta tragedia. La sociedad actual señala a los “políticos” como los saqueadores de las Cajas, y ve en las tarjetas black un ejemplo de este comportamiento. Evidentemente los políticos y en este caso los sindicalistas han sido comprados y por tanto se han comportado como vulgares corruptos. Pero hay más, hay una investigación que falta por hacer. Porque, ¿a quién benefició el control total de la Caja por Blesa y su camarilla?

Sería fácil demostrar que la Caja dio miles de créditos a grandes capitalistas, que estableció todo tipo de acuerdos y componendas con grandes empresas y grandes banqueros, que al final solo beneficiaron al gran capital, aunque contribuyeran a descapitalizar a la Caja.

Evidentemente de esto se habla poco o nada, y se investiga menos. Como también podría parecer que la decisión de un periódico como El País de publicar la noticia en portada, igual que hizo hace poco con los “sobresueldos “de CCOO, obedezca a la casualidad, o bien se deba al celo extraordinario y “maravilloso” de dicho medio de comunicación por aportar su grano de arena a la lucha contra la corrupción.

Estamos convencidos de dos cosas:

1.-Lo que ha salido a la superficie de la corrupción sindical es solamente la punta del iceberg.

2.-Hace muchos años que la prensa y diferentes estamentos de la sociedad saben todo sobre la corrupción sindical. Pero solo hace muy poco empezaron a publicar algunos datos. ¿Por qué? Porque la derecha, incluida la prensa que es de su propiedad, como El País, han tenido siempre una doble táctica, por un lado utilizar a los sindicatos, por otro desprestigiarles cuando conviene, o utilizar la mierda que acumulan e incluso los millones que les dan como un vulgar chantaje, proceso que ha ido tan lejos en la corrupción y alienación de sus dirigentes, que en estos momentos a José Miguel Villa, Secretario General de la Federación de Servicios, le parece normal que su Patrón pague los gastos del sindicato.

¿Cómo no iban a saber lo que hay dentro de los sindicatos si han sido ellos los que han introducido dentro la droga de la financiación estatal a manos llenas que les ha hecho actuar en la práctica-a los sindicatos- como si de drogodependientes se tratase?

Si queremos recobrar la independencia política del sindicato, sería bueno dar pasos adelante en recobrar la autonomía financiera. No seremos nosotros tan maximalistas de decir que nos oponemos por principio a que el sindicato reciba en ciertos casos dinero público, pero si nos oponemos tajantemente a que esa financiación condicione su política sindical, y en muchos casos, constituya su fuente principal de financiación.

Sería bueno que ningún liberado sindical ganase más que el salario medio de un obrero cualificado, que además fuese revocable en todo momento por aquellos que le eligieron, y que incluso en ciertas situaciones se pudiese llevar a cabo determinados mecanismos de rotación, para lograr así un mayor control de los trabajadores sobre sus representantes.

De todas formas, hechos como estos, que repetimos, son la punta del iceberg, son tan graves, que ponen sobre la mesa una realidad incuestionable: no habrá regeneración democrática de los sindicatos de clase, UGT y CCOO, sin echar a todos sus actuales dirigentes, sin llevar a cabo un proceso de debate y movilización en su seno, de lucha por la recuperación de políticas de total independencia de clase, por otras ideas que conviertan estos sindicatos totalmente burocratizados, en instrumentos útiles de la lucha y la movilización de la clase obrera.

Es necesario basarse en todas las iniciativas que están surgiendo en estas líneas, en la base de los sindicatos, por ejemplo Ganemos CCOO, u otros Compañeros en la misma o parecida línea, para que de una manera amplia, se organice un frente de lucha con todos los trabajadores, afiliados etc., interesados en llevar a cabo un proceso, muy profundo, de regeneración sindical, para dotarnos de sindicatos combativos.

Es en este momento cuando los necesitamos más que nunca, y también cuando echamos de menos más que nunca otra práctica sindical totalmente diferente.






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