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NOTA OPINION

El rol de la Universidad del Comahue frente a la pandemia

A un mes de declarada la cuarentena obligatoria frente a la pandemia del COVID-19, esta nota intenta abrir un debate sobre el rol que están cumpliendo las universidades, en especial, la Universidad Nacional del Comahue.

Karla Tiersen

Presidenta Centro de Estudiantes de Humanidades - Univ. del Comahue (Unco)

Sábado 18 de abril | 16:28

Pasó un mes desde el anuncio de la cuarentena y la suspensión de las clases en las universidades. Desde ese momento a esta parte, el Comité de Crisis de la Universidad del Comahue se reunió sólo tres veces, y los órganos de co-gobierno directamente fueron clausurados (cuando bien podrían haber sesionado de manera virtual). Hasta el día de hoy, el rector no presentó ningún informe público del conjunto de las actividades que desarrolla o podría desarrollar la Universidad Nacional del Comahue (UNCO) en medio de esta crisis sanitaria, económica y social. La mayoría de los centros de estudiantes y especialmente la Federación Universitaria del Comahue (FUC), cuya conducción está alineada con el gobierno nacional, se limitan a hacer demandas elementales sin cuestionar de fondo nada de lo que ocurre en la UNCO.

Para empezar por algún lado, la UNCO es una de las más importantes del país, reúne 13 sedes en las provincias de Neuquén y Río Negro, tiene unos 30 mil estudiantes y cuenta con carreras como Medicina, Enfermería, Biología, Higiene y Seguridad en el Trabajo, Servicio Social, entre muchas otras. Carreras que se podrían haber puesto desde el comienzo de la crisis al servicio del abordaje de la pandemia. Se trata de una Universidad que cuenta con laboratorios en ambas provincias, con investigadores e investigadoras, comedores universitarios con capacidad para hacer cientos de viandas y gran cantidad de recursos humanos y científicos.

Es por todo esto que abrimos una reflexión hacia el conjunto de la comunidad, no sólo a modo de balance sino también de nuestra propuesta, opuesta por el vértice a la que ofrecieron hasta ahora autoridades, centros y federaciones, en la perspectiva de pelear por una universidad que esté al servicio de producir conocimiento para las necesidades de la clase trabajadora, es decir de la mayoría de la población. Eso implica cuestionar el rol que juega siempre y especialmente en momentos como estos, de crisis, en los que no hace más que mostrar su verdadera cara: la de poner todos sus recursos al servicio de las empresas, de los proyectos de investigación para petroleras y empresas de hidrocarburos sin cambiar un ápice su estructura ni la disposición de todas las herramientas con las que cuenta.

¿Cuál fue el plan de la UNCo ante la pandemia?

El rector Gustavo Crisafulli readecuó el calendario académico de forma inconsulta y agarrándole gustito a los DNU, estableció el modo virtual para las clases durante el primer cuatrimestre. Pero la clausura de todos los órganos de decisión no es casual ni está desligado de lo que sí resolvió la universidad en este mes de cuarentena. Veamos.

En primer lugar, se habría firmado un convenio con la Provincia de Neuquén para la producción de alcohol en gel. Sin embargo, a pesar de las múltiples interpelaciones para saber en qué estado se encuentra eso, hasta el día de hoy no se sabe si efectivamente se comenzó la producción, ni si hay distribución de lo producido, ni a cargo de quién está.

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En segundo lugar, recientemente habría firmado un convenio para ser sede de distribución del Banco de Alimentos de Neuquén, del cual nadie se enteró ni convocaron a la comunidad educativa a involucrarse en semejante tarea.

En tercer lugar, se preocuparon por lanzar rápidamente las clases virtuales. Un sistema que además de dificultar el proceso de aprendizaje para quienes pueden acceder a él, potencia las desigualdades sociales, ya que no todos cuentan con total acceso a internet o viven en condiciones de hacinamiento. Por medio de esta decisión, intentan dar una imagen de “normalidad” que esconde la profunda crisis de la cual gran parte de la comunidad universitaria no es ajena, y comienza a sufrir sus graves consecuencias.

Los intereses de las petroleras en la Universidad

El alcance de las medidas tomadas hasta ahora contrasta con el nivel de producción de conocimientos y servicios que la UNCO en tiempos “normales” brinda a las petroleras. Desde el 2015 esta orientación se profundizó con la integración de la UNCO al Clúster Vaca Muerta.

El dato que más bronca genera es que según la revista FORBES de los 5 más ricos de la Argentina, la UNCO mantiene convenios con 2 de ellos: Tecpetrol (de Paolo Rocca, que hoy despide miles de trabajadores) y Pan American Energy (con fuerte participación del grupo Bulgheroni).

Además de otras empresas como Chevron, empresas de servicios o petroleras de algunos de los 50 más ricos del país como Pampa Energía (del “zar” Marcelo Mindlin). A cambio de financiamiento externo, la Universidad desarrolla investigaciones, abre sus laboratorios, brinda servicios y pasantías para mejorar los rendimientos de las empresas.

¿Por qué no se pone el 100% de sus recursos para enfrentar la pandemia? ¿Cuántos laboratorios hay produciendo impresoras 3D para producir elementos de protección para salud? ¿Cuántos se podrían poner en condiciones para realizar testeos? ¿Cuántos especialistas de la UNCO podrían relevar las condiciones de higiene y seguridad en los sectores que hoy trabajan a pesar de la cuarentena? ¿Cuántos estudiantes avanzados de medicina o enfermería podrían ser capacitados para exigir a los Estados su contratación en el sistema de salud? ¿Cuántos relevamientos se están realizando sobre los despidos y suspensiones con rebajas salariales en la región? ¿Qué trabajo se está realizando en los barrios para evaluar el aumento de la demanda de alimentos entre la población más pobre? Son preguntas que aún no tienen respuesta.

Hace semanas nuestra compañera consejera superior de En Clave Roja envió una carta al rector y al Consejo exigiendo que sesione, y aún ni siquiera obtuvo una respuesta. Se conformó un “comité de emergencia” que funcionó sólo tres veces de manera “consultiva”, en el que participan el Rector, funcionarios/as del gabinete, decanos y decanas y los gremios docentes, no docente y la Federación Universitaria del Comahue -FUC-, pero del que dejan afuera a todos los centros de estudiantes. El manejo de las autoridades de la Universidad atrasa 200 años.

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En la UNCo los y las estudiantes sufren la precarización laboral

Antes de la pandemia en la UNCO la deserción ya era alarmante: el 85% de quienes ingresan a la Universidad, la dejan antes de concluir sus carreras. Se trata de una combinación brutal entre laburos cada vez más exigentes, que rinden menos económicamente, el aumento de costos de vida, de los más altos del país, con la falta de becas económicas para todos los que la necesitan, jardines materno-paternales, bandas horarias, residencias universitarias, entre otras medidas que nunca se tomaron. Hoy vemos que miles de jóvenes están sufriendo y denunciando la cantidad de atropellos patronales en medio de ésta pandemia. ¿Cuántos de nuestros compañeres y amigues de cursada son parte de ésta realidad?

Desde el Centro de Estudiantes de Humanidades (CEHUMA), realizamos una encuesta a una muestra de 100 estudiantes de la Facultad, que arrojó datos realmente preocupantes: dos tercios de las y los estudiantes son también trabajadores, un 15% se encuentran desocupados, y entre quienes trabaja el 60% lo hace sin registrar, y un 46% sufrieron recortes salariales, despidos o disminución de sus ingresos.

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Lejos de una pretendida “normalidad”, uno de cada 5 estudiantes directamente no accede a las clases virtuales, y 2 de cada 5 sólo lo hacen con dificultades: es que no todos cuentan con internet, condiciones en su hogar, dispositivos, tiempo sin estar al cuidado de hijos, hijas, etc. Pero, además muchos no tienen ni la posibilidad de pensar en las clases cuando están pensando en qué comerán en los próximos días.

En los próximos días impulsaremos una reunión abierta para convocar a todos los y las que quieran denunciar sus condiciones de laburo y de vida, organizarse y reclamarle a la universidad medidas concretas frente a una realidad que pretenden negar.

Los Centros y la FUC: ¿qué rol pueden jugar?

Las organizaciones que dirigen la Federación del Comahue (FUC), CEPA- PCR y MILES son además conducciones de varios de los centros de grandes facultades en la región. Eligen hablar en general de solidaridad, soslayan una crítica light a las clases virtuales, pero nada dicen (ni hacen) sobre la situación que están atravesando cientos de estudiantes, para quienes la supuesta prohibición de despidos y suspensiones no fue tal, porque integran el gobierno nacional. En sus páginas y redes sociales parecen ni haberse notificado del desprecio con el que Alberto Fernández dijo no importarle que haya un 10% más de pobreza si con eso puede evitar 100.000 muertos. Como si eso fuera posible.

La agrupación EnClaveRoja en el Frente de Izquierda dejó bien claro en todo el país que no nos resignamos a lo que no presentan como “posible” ¿por qué en vez de un 10% más de pobres, no afectamos las ganancias y las riquezas del puñado de multimillonarios más ricos? ¿Por qué no son ellos un 10% menos ricos?

Nuestras organizaciones estudiantiles deben plantearse claramente la necesidad de utilizar todos los recursos existentes en la Universidad para hacer frente a esta crisis acompañada de una exigencia sin tregua al Estado y su gobierno para aplicar con urgencia un impuesto del 3% a las grandes fortunas y cubrir con esto un bono de $30.000 para los 7 millones de personas que tengan que cumplir el aislamiento obligatorio y no tengan una licencia laboral paga. Deben estar al servicio de las y los cientos de jóvenes que están enfrentando los despidos o recortes salariales. De exigir un plan de salud integral, y no más policía en los barrios. De organizar a las y los estudiantes que no estén dispuestos a que la crisis la paguemos los laburantes, los y las pibas y adultos mayores.

Para poner algunos ejemplos, podrían visibilizar las denuncias de los y las estudiantes y sus condiciones laborales, construir observatorios de despidos de la región y rebajas salariales - como las medidas que afectan a los petroleros- convocar reuniones de trabajo junto a docentes, investigadores y estudiantes que quieran pensar ideas para la producción y distribución sin injerencia estatal de los recursos necesarios para la pandemia, y ¿cuántas cosas más?

No nos quedamos de brazos cruzados ¿Qué tareas tenemos por delante?

Desde En Clave Roja, como conducción del CEHUMA, no nos resignamos a “suspender” nuestra actividad y organización durante la cuarentena. Por el contrario, buscamos formas de dialogar con las y los estudiantes (como fue la encuesta), exigimos a las autoridades respuestas a la altura de la crisis, participamos de las campañas de denuncia sobre los despidos y suspensiones que sufren especialmente las y los jóvenes trabajadores, etc.

También somos parte de impulsar junto a nuestro compañero Nicolás del Caño a nivel nacional y Andrés "Chaplin" Blanco, todos los proyectos para exigir la prohibición de despidos y suspensiones.

Creemos que es el momento de fortalecer la alianza más poderosa de todas, la de los y las estudiantes y la juventud precarizada con los y las trabajadoras que mueven todos los días el país y el mundo. Por eso también nos pusimos a disposición de enfrentar ésta pandemia y organizamos jornadas de trabajo voluntario en la textil “Traful Newen” bajo control obrero.

Como dicen las obreras, esta unidad no surgió durante la pandemia: hace 3 años compartimos con ellas 10 meses de toma de su fábrica. Hoy estas obreras reorientaron su producción para confeccionar barbijos y camisolines para los centros de salud. Ellas, al igual que los trabajadores gráficos de MadyGraf y otras gestiones obreras, muestran en pequeño qué pasaría si las grandes empresas de todo el mundo, en vez de estar orientadas por la ganancia, estuvieran orientadas por las necesidades sociales. Estamos convencidos de que la clase trabajadora en unidad con la juventud y el pueblo pobre, podemos dar una salida a esta crisis, para no ser quienes la paguemos con más desocupación, precarización y hambre.

Es por eso que, necesitamos fortalecer corrientes políticas de izquierda en la universidad que junto a los y las estudiantes que se propongan pensar una salida colectiva en esta pandemia y en alianza los y las laburantes que se ponen a la cabeza de reconvertir sus fábricas, resistir los despidos y suspensiones se propongan recuperar estas organizaciones estudiantiles. Porque necesitamos que el movimiento estudiantil bajo este programa y alianza de clase se ponga de pie y se prepare para las batallas decisivas que vendrán e imponer una salida anticapitalista y socialista. Porque esto recién comienza y estamos dispuestos a dar vuelta todo.






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