Sociedad

CÓRDOBA/CRISIS SANITARIA

El drama de conseguir una cama en el sistema de salud público de Córdoba

Diversos casos que salieron reflejados en los medios locales, dan cuenta del perjuicio que años de desinversión, recortes y precarización, han hecho en el sistema de salud pública.

Luis Bel

@tumbacarnero

Jueves 25 de junio | 17:57

Según diera cuenta La Voz del Interior, dos pacientes accidentados y con traumatismos de gravedad, tuvieron que recurrir a la Justicia para poder conseguir una cama de terapia intensiva en los hospitales Tránsito Cáceres y Misericordia.

Si bien la nota se centra en las particularidades de cada uno de estos casos, lo que deja al descubierto la nota es el estado calamitoso en que se encuentra el sistema de salud público.

Se podría argumentar que la saturación de los servicios de urgencias y de las unidades de terapia intensiva tienen que ver con la situación de pandemia a la que nos enfrentamos. Pero como bien dicen los expertos en el tema y las diferentes denuncias que se ven reflejadas constantemente en los últimos años, la cuestión es mucho más profunda, y la pandemia, si bien puede haber agudizado la situación, y es algo que viene de años de arrastre de ataques a la salud pública.

Con la vuelta a la fase 4 y la apertura de muchas actividades, según afirma a La Voz el delegado del servicio de emergencias municipal, conocido como el 107, los casos de accidentología y violencia urbana se han incrementado, y los fines de semana el sistema colapsa. Pero por lo general las ambulancias del 107 deben esperar varias horas hasta que el paciente sea admitido y puedan salir a buscar nuevos pacientes.

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Recordemos que durante el aislamiento obligatorio, hubieron varios casos de muertes completamente evitables y que tuvieron como factor común la falta de recursos con que hoy cuenta el sistema de salud provincial tras años de recortes, desinversión y ajustes.

Los casos, que causaron dolor, pero también mucha indignación, son los de Liliana Jimenez, quien murió de neumonía esperando la atención del Apross, cuando finalmente la internaron, era demasiado tarde.

Otro caso terrible fue el de Pamela Nieto, quién siendo paciente trasplantada y teniendo un cuadro febril, realizó una peregrinación por diferentes hospitales para conseguir finalmente una cama en el Tránsito Cáceres. Sin siquiera ser hisopada por COVID-19, falleció tras 10 días de estar en terapia intensiva. También tomaron relevancia los casos de Laura, quién falleció junto a si pequeño hijo esperando que la vengan a atender y el de Andrés Barbón, quien falleció en Villa María por no recibir atención "por no tener síntomas de coronavirus".

Y estos son solo un puñado de casos de los muchos que suceden todos los años y que no toman relevancia pública.

Recordemos que también durante la cuarentena se realizaron protestas por parte de trabajadores y trabajadoras de la salud en distintos hospitales, como el Misericordia, el Tránsito Cáceres y el de Urgencias, reclamando más insumos y protección ante el COVID-19 para poder realizar sus tareas sin arriesgar sus vidas ni las de sus familias, además de la exigencia de tests para todo el personal periódicamente.

Tras la negativa de los gobiernos de unificar ante la emergencia sanitaria, los sistemas de salud públicos y privados (por el contrario, se subsidió a hospitales y clínicas privadas). Y la precariedad y el riesgo constante en el que trabaja el personal de la salud. Queda claro que es una política premeditada que busca terminar de profundizar el modelo de la salud como un negocio, algo que deja afuera de una atención de calidad a millones. No debemos permitirlo.






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