Internacional

FRANCISCO EN POLONIA

El Papa llega a Cracovia con un giro conservador en su discurso

La visita del Papa a Polonia generó revuelo desde el viaje. La llegada de Bergoglio a las Jornada Mundial de la Juventud comenzó con un marcado giro conservador en el discurso Papal.

Diego Sacchi

@sac_diego

Jueves 28 de julio de 2016

La visita del Papa a Polonia, tierra donde nació el Papa Juan Pablo II, comenzó generando revuelo desde el viaje. Las declaraciones de Bergoglio en el avión papal recorrieron el mundo cuando sentencio “estamos en guerra”. A pocas horas del atentado en una iglesia de Alta Normandía, Francia, la declaración mostró al Papa a tono con la narrativa guerrerista de buena parte de los gobiernos imperialistas como respuesta a los atentados que se sucedieron estás semanas principalmente en Europa.

Rápidamente aclaró que "el mundo está en guerra porque ha perdido la paz", pero no se trata "de una guerra de religiones" buscando separarse del discurso del presidente francés Hollande que “El Estado Islámico nos declaró la guerra” y la misma opone al islamismo con el catolicismo.

El intento de separarse del discurso más reaccionario e islamofóbico que avanza en Europa no alcanza para ocultar el cambio conservador en el discurso Papal, que paso de las declaraciones y denuncias contra los sufrimientos que trae la guerra a asegurar que para describir los últimos ataques en suelo europeo “la verdadera palabra es guerra".

Con las repercusiones de las palabras dichas en pleno viaje, el Papa fue recibido por varios cientos de fieles a su llegada al aeropuerto de Balice y otros tantos aclamaron a Bergoglio en su camino al castillo-catedral de Wawel, donde el presidente de Polonia, Andrzej Duda, agradeció a Francisco su primera visita al país centroeuropeo, una de las naciones más católicas del mundo con más del 90 % de su población bautizada.

El primer discurso de Bergoglio en suelo polaco comenzó apuntando a uno de los principales temas que recorre la agenda del continente al decir “Hace falta disponibilidad para acoger a los que huyen de las guerras y del hambre”. Pero eso pedido se transformo en un alegato a la defensa de la vida, recordando que “la vida siempre ha de ser acogida y protegida —ambas cosas juntas: acogida y protegida— desde la concepción hasta la muerte natural, y todos estamos llamados a respetarla y cuidarla”. Así Bergoglio aprovecho para pronunciarse, y manifestar la posición de la Iglesia en contra, sobre el tema del aborto en el centro del debate político polaco durante los últimos meses.

Ese pronunciamiento era esperado por la Iglesia polaca en la que varios gestos papales ha provocado resistencias en los sectores más conservadores de la jerarquía eclesiástica. El presidente de la Conferencia Episcopal polaca, Stanislaw Gadecki, advertía en marzo de 2014 de que "poner en práctica el estilo del papa Francisco puede resultar un problema difícil para nuestra Iglesia" y comentaba tras un encuentro con el pontífice que "el Santo Padre parece tener cierta debilidad por los laicos".

La agenda papal se completo con el encuentro con obispos polacos y una primera reunión junto a jóvenes que participan de la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia. Pero la jornada quedó marcada por las declaraciones de las primeras horas.

Hace unos años en las mismas Jornadas que se realizaron en Río de Janeiro, a poco de ser ungido como Papa, Bergoglio llamaba a “hace lió” a miles de jóvenes. Comenzaba así una serie de gestos y discursos marcados por la denuncia al “capitalismo salvaje” y con un fuerte contenido social.
El contraste no puede ser mayor si se lo compara con el “estamos en guerra” previó a su llegada a Polonia, que marca un giro fuerte conservador a tono con la retorica guererista y xenófoba que la extrema derecha y buena parte de los gobiernos imperialistas vienen imponiendo en el continente.

Si bien sería apresurado asegurar que Bergoglio abandonará los gestos y discursos de tinte “progresistas”, la visita a las tierras de Juan Pablo II quien jugo un papel destacado a favor del imperialismo al final de la guerra fría parece haber inspirado a Francisco para adecuar su tono a los nuevos tiempos. Los tiempos de justificar el relato guerrerista y ayudar a fomentar la unidad nacional reaccionaria que se busca imponer en Europa para justificar la represión ante el creciente descontento que producen los planes de ajuste aplicados en los últimos años.






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