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Dos manifestantes muertos en la tercera noche de protestas por justicia para Jacob Blake

Al menos dos manifestantes fueron asesinados en la tercera noche de protestas en Wisconsin tras el ataque de civiles armados con pistolas y ametralladoras. Antes del ataque los manifestantes habían sido reprimidos por la Policía y la Guardia Nacional con gases lacrimógenos y balas de goma. Denuncian un accionar común entre la Policía y las milicias supremacistas.

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Miércoles 26 de agosto | 08:40

Al menos dos manifestantes fueron asesinados y uno quedó gravemente herido durante la tercera noche de protestas por justicia para Jabcob Blake en la ciudad de Kenosha, Wisconsin.

Un grupo de civiles armados atacó a los manifestantes con pistolas y ametralladoras luego de que las protestas fueran reprimidas por la Policía y la Guardia Nacional que fue desplegada por el gobernador demócrata de Wisconsin.

No es la primera vez que civiles armados y grupos supremacistas blancos aparecen en las protestas contra la brutalidad policial racista. Ya lo hicieron en otras ocaciones con la excusa de defender la propiedad y los negocios, amenazando a los manifestantes de Black Lives Matter, lo que fue festejado y promovido por el presidente Donald Trump.

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La ciudad de Kenosha, vivió el martes la tercera noche de protestas a pesar del estado de sitio y la llegada de la Guardia Nacional decretadas por el gobernador, luego del brutal ataque de la policía al joven afroamericano Jacob Blake al que le dispararon siete tiros por la espalda y se encuentra hospitalizado y con parálisis de la cintura para abajo.

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Algunos manifestantes denuncian en redes sociales la acción conjunta de la Policía y milicias armadas contra las protestas.

Al inicio de las protestas la Policía reprimió con gases lacrimógenos y balas de goma, y advirtió a los manifestantes que estaban violando el toque de queda que había comenzado a las 8 de la noche. Tras varias cargas de gases la Policía dispersó a los manifestantes por las calles de la ciudad.

Algunos manifestantes se dirigieron a una estación de servicio a varias cuadras de distancia, donde vieron a un grupo de civiles armados con pistolas y ametralladoras, que los amenazaron y les dijeron que se vayan de ahí porque ellos iban a proteger el lugar.

Cuando la situación ya era tensa, llegó la Policía con camiones blindados, instando a los manifestantes a que abandonaran el lugar y envalentonando a los grupos armados que luego terminaron disparando contra los que aún se encontraban en el lugar asesinando a dos de ellos e hiriendo a un tercero.

Muchas personas identificaron a uno de los agresores. Sería Kyle Rittenhouse, un joven que en las redes sociales tiene fotos con la leyenda "Blue Lives Matter" (la vida de los policías importa) y que según videos registrados en la madrugada de este miércoles se lo ve acercándose a un grupo de Policías con absoluta confianza.

Este accionar común entre milicias de blancos supremacistas y miembros de las policías locales se ha convertido en algo absolutamente natural y está respaldada por las acciones de los gobernadores, muchos de ellos demócratas como en el caso de Wisconsin, que ordenan el toque de queda, despliegan la Guardia Nacional y militarizan el lugar. También tienen, ante todo, el respaldo del propio presidente Trump que el los últimos años no solo justificó el accionar de grupos supremacistas como en Charloteville, sino que acusó a los manifestantes de Black Lives Matter de matones radicalizados y en la Convención Republicana que comenzó este lunes para nominarlo como candidato a las elecciones de noviembre, estuvo presente una pareja que había amenazado a manifestantes antirracistas con pistolas y ametralladoras en la puerta de su casa durante las protestas que siguieron al asesinato de George Floyd.

Pero esta acción común entre las milicias y la Policía tiene aún raíces más profundas. Se encuentran en la propia naturaleza racista del capitalismo y el Estado estadounidense. Desde la fundación de las primeras policías locales a la orden de los terratenientes y del Ku Klux Klan para amedrentar y perseguir esclavos primero, segregar a los afroamericanos después y finalmente mantener una política punitivista hacia su comunidad. Esto último incluye el encarcelamiento masivo de afroamericanos como la estigmatización mediante la desigualdad social y económica permanente. Esta política fue sostenida y respaldada tanto por demócratas como por republicanos.

La potencia del movimiento Black Lives Matter que reemergió tras el asesinato de George Floyd y ahora tras el ataque a Jacob Blake viene a cuestionar ese profundo racismo estatal, y lo hace en medio de la campaña electoral que está por empezar. Trump ya demostró que su jugada es la de polarizar a su base social y apostar a una política de "ley y orden" que azuza aún más a las bandas supremacistas y la actuación descontrolada de las policías contra los manifestantes. Mientras tanto el demócrata Joe Biden, solo pidió una investigación transparente, algo que está muy por detrás de un movimiento que no solo ha llegado a exigir en algunos casos el desfinanciamiento y la abolición de la Policía, sino que ha puesto en cuestión las propias bases racistas del capitalismo estadounidense.






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