SUPLEMENTO

Debates sobre el movimiento obrero norteamericano hoy

Entrevista con Joe Burns

EE.UU.

Debates sobre el movimiento obrero norteamericano hoy

Left Voice

Joe Burns, director de negociaciones colectivas del sindicato CWA-AFA, el sindicato de los tripulantes de cabina, habló con Left Voice de su nuevo libro, Class Struggle Unionism, y de la importancia de un movimiento obrero combativo.

Tu libro Class Struggle Unionism [Sindicalismo de lucha de clases] es un texto cada vez más popular que plantea importantes debates sobre la estrategia en el movimiento obrero. ¿Podrías decirnos primero a qué te referís con "sindicalismo de lucha de clases" y por qué lo considerás importante?

El sindicalismo de lucha de clases se basa en una idea muy simple, que es que los trabajadores crean toda la riqueza. A través del proceso de empleo, esta riqueza se separa de los trabajadores y fluye solo hacia un puñado de gente. Esta es la razón por la que tenemos multimillonarios.

Esta visión del empleo es muy diferente a la del sindicalismo empresarial, que era la principal forma de sindicalismo que competía con el sindicalismo de lucha de clases. El sindicalismo empresarial considera que tiene un papel muy limitado, el de negociar la venta de la mano de obra. Esta visión puede resumirse con el lema "un salario justo por un trabajo justo". Los sindicalistas empresariales se ven a sí mismos como representantes exclusivos de un grupo de trabajadores de una planta o industria y no como parte de una lucha de clases más amplia entre los trabajadores y la clase de los multimillonarios.

De esta simple diferencia surgen formas de sindicalismo muy diferentes. El sindicalismo de lucha de clases valora la lucha abierta contra la patronal, la democracia de las bases y las luchas en los lugares de trabajo, y desconfía del papel del gobierno y de los medios de comunicación corporativos, que apoyan a la patronal. Dado que los sindicatos de lucha de clases vemos nuestro sindicalismo como parte de una lucha más amplia entre los trabajadores y los patrones, consideramos que la lucha contra el racismo y el sexismo es fundamental para nosotros.

En tu libro, planteas cómo, en las últimas décadas, el “liberalismo laboral” ha sustituido al sindicalismo de lucha de clases como principal rival del sindicalismo empresarial. ¿Qué es el liberalismo laboral y cómo se relaciona con el sindicalismo empresarial?

En la década de los ochenta, la patronal lanzó una increíble ofensiva contra el sindicalismo, que acabó con décadas de relaciones de negociación establecidas. El sindicalismo empresarial, burocrático y débil, se mostró incapaz de resistir esta tendencia. Los sindicalistas de la lucha de clases respondieron apoyándose en una postura contraria a las concesiones, en llevar a cabo huelgas, hacer piquetes militantes y poner en pie movimientos de reforma.

Pero durante este periodo surgió una nueva forma de sindicalismo que intentaba estar a mitad de camino entre el sindicalismo empresarial y el sindicalismo de lucha de clases. La base social del liberalismo laboral eran antiguos sindicalistas de la lucha de clases, veteranos de los movimientos sociales de la década de 1960 que se incorporaron al movimiento sindical en el giro hacia organizar a los obreros industriales. En la década de 1980, muchos de ellos habían ascendido a los niveles medios de la burocracia sindical o se habían incorporado a los programas de formación sindical.

Su modelo se apoyaba en funcionarios sindicales perspicaces y con experiencia en luchar de forma inteligente dentro del sistema existente. En lugar de las duras huelgas con final abierto y apostar a la combatividad de los piquetes, propugnaban one day “publicity” strikes, es decir, huelgas muy cortas, de un solo día, ejerciendo presión sobre la opinión pública, llevar adelante campañas corporativistas y centrarse en la organización.

Pero también se diferenciaban del sindicalismo empresarial tradicional. En el lado positivo, contribuyeron a que la AFL-CIO se alejara de posturas muy conservadoras en cuanto al tema racial y la inmigración. Pero al mismo tiempo abandonaron la organización en el lugar de trabajo, que es el núcleo tanto del sindicalismo tradicional como del sindicalismo de lucha de clases. De hecho, utilizaron las huelgas y el sindicalismo para aprobar leyes progresivas, lo que les sitúa más cerca de los grupos de presión de clase media que del verdadero sindicalismo empresarial.

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Algunos sectores se hacen ilusiones con la National Labor Relations Board [NLRB, equivalente a un Ministerio de Trabajo, N. del T.] bajo la administración de Biden, pero al mismo tiempo esta entidad impone una multa de 13 millones de dólares al sindicato de mineros del carbón UMWA por una prolongada huelga en el centro de Alabama. ¿Cómo ves el papel del Estado en el próximo periodo?

Esta es una cuestión muy importante. Tanto el sindicalismo empresarial como el liberalismo laboral buscan que las instituciones gubernamentales protejan el sindicalismo. El sindicalismo de lucha de clases, en cambio, es escéptico respecto al gobierno como protector de los derechos laborales.

El problema fundamental es que un papel clave del gobierno es proteger la capacidad de la clase de los multimillonarios de explotar a los trabajadores obteniendo ganancias generadas durante la jornada laboral. En la práctica, eso significa dar prioridad a la protección del derecho de propiedad sobre los derechos humanos y laborales.

En el caso que mencionás, el de los trabajadores de las minas, la NLRB persiguió a los mineros por escaramuzas menores en los piquetes e, increíblemente, multó al sindicato por las pérdidas de ganancias que las empresas tuvieron durante la huelga por no producir. Del mismo modo, la NLRB bajo Obama persiguió a los trabajadores portuarios cobrándoles millones de dólares en multas.

Ahora bien, la NLRB del gobierno de Biden hace algunos cambios en la política laboral que sin dudas la justicia va a anular, y se hace llamar la NLRB más “pro-obrera”. Por todo esto que mencioné, necesitamos tener una visión anclada en la lucha de clases.

Una de las cosas más interesantes de tu libro es el debate que planteás sobre la necesidad de tácticas de lucha. ¿Qué querés decir con eso? ¿Por qué son necesarias?

En el libro digo que no se puede tener un sindicalismo de lucha de clases sin tácticas de lucha de clases. Esta es una de las cuestiones clave a las que nos enfrentamos como movimiento sindical.

La patronal y el gobierno han instituido una red de restricciones que proscriben el empleo de tácticas sindicales eficaces. Esto dificulta parar la producción y obliga a los sindicatos a librar batallas aisladas en lugar del tipo de peleas a nivel de toda una rama (o más allá también) que pusieron en pie al movimiento obrero moderno.

Para poder liberarnos vamos a necesitar ideas acordes a la lucha de clases, pero también tácticas y organización acordes a eso. En mi primer libro, Reviving the Strike [Haciendo resurgir la huelga], trato este tema con más detalle, pero la teoría sindical clásica entendía que para hacer huelga se debía detener la producción. Hacer un piquete y nada más no alcanza, porque en un mercado nacional de fuerza de trabajo los empresarios pueden encontrar esquiroles dispuestos a cruzar los piquetes y reventar las huelgas.

Para perjudicar económicamente al empresario, los sindicatos disponían de herramientas básicas. Las primeras eran la ocupación de una fábrica y los piquetes masivos para bloquear a la empresa.

Además, los sindicatos podían ampliar la huelga extendiendo los piquetes a otras empresas afines, hacer huelga en ramas enteras o negarse a permitir la circulación de los productos de la industria que estaba en conflicto. Estas tácticas de solidaridad ejercían presión sobre los empresarios y afectaban las ganancias.

Estas tácticas han sido prohibidas y el hecho de no haberlas recuperado constituye un elemento importante de la debilidad del movimiento obrero moderno.

Aunque no es una cuestión fácil, este esfuerzo requerirá probablemente nuevos sindicatos de lucha, movimientos de base y formaciones intersindicales. Pero también requerirá la popularización de un conjunto de ideas propias de la lucha de clases que puedan validar estas acciones.

Existe un debate permanente sobre cómo debe relacionarse el movimiento obrero con el Partido Demócrata. Algunos dicen que hay que trabajar con Sanders y el ala progresista, otros dicen que hay que romper completamente con los demócratas y que los trabajadores desarrollen su propia perspectiva política. En tu libro planteás una crítica fuerte al Partido Demócrata, que ha desempeñado un papel destacado en el disciplinamiento de los trabajadores. Pero, ¿cuál es tu opinión sobre la relación política entre los trabajadores y el Partido Demócrata?

La estrecha alianza del Partido Demócrata y la burocracia sindical permite que las ideas de la clase de los multimillonarios penetren en el movimiento obrero y lo controlen. El difunto Tony Mazzachi, líder del sindicato de trabajadores del petróleo, solía decir: "los patrones tienen dos partidos, los trabajadores necesitan uno". Necesitamos un partido de los trabajadores.

La cuestión es, ¿cómo lo conseguimos? Entre los sindicalistas de la lucha de clases hay distintas opiniones, lo cual me parece correcto. Mi perspectiva general es que es difícil plantearse un verdadero partido de los trabajadores sin el desarrollo de un ala fuerte, combativa y de lucha de clases. Creo que las dos cosas van de la mano.

Cualquier partido socialista o de trabajadores necesita tener un arraigo en al menos un ala del movimiento obrero. De lo contrario, corre el riesgo de convertirse en un movimiento de clase media aislado de la lucha de los trabajadores.

Nuestro problema, sin embargo, es que el ala de la lucha de clases es relativamente débil dentro del movimiento obrero. El último intento serio de ir más allá del Partido Demócrata fue la iniciativa de los Labor Party Advocates [“Iniciativa por un Partido Laborista”] en los años ‘90, que suscitó el debate pero no pudo pegar el salto hacia una política electoral independiente.

Es importante plantear la crítica al Partido Demócrata y la necesidad de una política independiente, pero debería formar parte de un proyecto más amplio que haga que el movimiento obrero se sitúe en una postura afín a la lucha de clases.

Por último, como hemos visto, hay una nueva generación de trabajadores que está luchando no solo por sindicalizar sus lugares de trabajo, sino también por mejorar las condiciones laborales. ¿Tenés algo para decirles?

Confíen en sus instintos. Mucha gente llega y te dice “esto se hace de esta forma”, pero lo que se hace de esa forma no funciona.

Necesitamos un movimiento sindical mucho más combativo y dispuesto a desafiar el statu quo. Esa es una de las grandes ideas a partir de la organización de Amazon y Starbucks. Espero que la mantengan cuando tengan que seguir abocándose a las negociaciones.

Traducción: Maximiliano Olivera


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