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Red Internacional

Imperialismo. Cumbre de la OTAN: su historia guerrerista que deja miles de muertos y millones de desplazados

Las intervenciones militares de la OTAN desde su creación han propiciado la muerte y el desplazamiento de cientos de miles de personas. De Kosovo a Libia, pasando por Afganistán, bajo el pretexto de mantener la paz o la democracia, la Alianza ha garantizado los intereses geoestratégicos y económicos del imperialismo mundial, especialmente el estadounidense.

Martes 28 de junio | Edición del día

Desde hoy hasta el jueves tendrá lugar en Madrid la cumbre la OTAN, motivo por el cual la ciudad ha sido militarizada y se han desplegado miles de efectivos policiales y militares por la llegada de mandatarios de las principales potencias económicas de la Alianza; en la que será su reunión más importante en medio siglo.

Según un estudio del Instituto Watson de la Universidad Brown, las muertes violentas de civiles en zonas de guerra desde 2001 por la intervención directa de la alianza, y en concreto, de las intervenciones militares lanzadas por Estados Unidos, ascenderían a casi 351 000. Estas muertes habrían sido producidas a causa de armas de fuego, bombas, drones y minas, pero también en puestos de control de carretera o mientras cuidan del campo o son secuestradas, según señala el estudio.

Todos ellos, en palabras del estudio son “víctimas de los Estados Unidos, sus aliados e insurrectos y sectarios en las guerras civiles propiciadas por las invasiones de estos”. Es decir, asesinados directa o indirectamente por estas intervenciones.

Dos años antes de 2001, en Kosovo, se veía otra intervención que se saldó con 1 500 civiles asesinados y miles de heridos. Desde la caída de la Unión Soviética, Kosovo estaba siendo un escenario en disputa entre Serbia y rebeldes albaneses que reclamaban la autonomía en esta región.

La OTAN intervino a favor de este último bando, pero no para defender el legítimo derecho de autodeterminación del pueblo albanokosovar, sino para instalar un gobierno títere en la región en favor de los Estados Unidos y Europa y así hacer que Rusia perdiera poder en su vieja zona de influencia.

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La intervención incluyó el bombardeo con 600 aviones de trece países sobre Kosovo, Serbia y Montenegro que produjo la devastación de multitud de ciudades. El resultado no fue la autodeterminación del territorio, sino una independencia ficticia en 2008 de un país que pasó a estar bajo la dependencia de la ONU y la OTAN y que fue convertido en una base militar para vigilar la zona balcánica y Europa del Este.

De la misma forma, Afganistán ha sido víctima de una de las mayores cruzadas político-militares de Estados Unidos en los últimos tiempos. Desde dos meses después del atentado del 11S, momento en el cual se inicia una “guerra” contra el terrorismo, Afganistán ha sido invadido y ocupado por las fuerzas militares estadounidenses durante veinte años.

La invasión a Afganistán fue justificada con la excusa de que allí se refugiaba Bin Laden, jefe de la organización que provocó el atentado. Pero lo cierto es que los intereses de Estados Unidos y Europa en la región iban más allá. Es una zona clave por su ubicación geopolítica particular y permite mantener mejor controladas a Rusia o China. Además, la guerra sirvió para que empresas de los países invasores se repartieran las enormes reservas de petróleo del territorio.

La guerra entre la Alianza y las milicias duró dos décadas y acabó con la salida de los ejércitos de la OTAN y la llegada de un nuevo gobierno talibán tras una enorme devastación del país (su edad media es de 18 años). Además, según señala el estudio mencionado se saldó con 46 319 civiles asesinados.

Más tarde, en 2011, la OTAN bombardeó e intervino en Libia con la excusa de protección a los civiles y para reconducir el proceso revolucionario de la Primavera Árabe a un gobierno afín a los intereses de Estados Unidos, Francia e Inglaterra. La OTAN aprovechó los levantamientos para cerrar nuevos negocios en la zona y aumentar su control territorial con un nuevo gobierno. Libia juega un papel clave en el Mediterráneo por sus reservas de combustibles fósiles y su capacidad de control de la migración proveniente del África subsahariana.

En el caso de Libia, la Alianza admitió haber provocado varias muertes, pero nunca se abrió una investigación. El país continúa ahora atravesado por la guerra civil. El estudio señala, además, que en Irak murieron otros 185.000 civiles. En Siria, el número ronda los los 100.000. En Pakistán fueron más de 24.000. En las Malvinas, la OTAN apoyó a Reunido Unido contra la soberanía nacional argentina, lo cual hace muy evidente que el discurso pro ucraniano que enarbola ahora es terriblemente hipócrita.

Esta es la verdadera cara de la OTAN. Intervencionismo militar para sacar rédito geoestratégico y económico y un discurso de defensa de la democracia que esconde más de lo que revela. Un intervencionismo que será incapaz de oponer una alternativa realista al horror de Putin porque no puede suponer un bando progresivo en ningún conflicto.

En esta cumbre, la primera en décadas con una guerra en suelo europeo en curso, será crucial para afianzar los compromisos imperialistas de los Estados participantes y generar un marco estratégico que nada tiene de nuevo. Se trata de una profundización en el aumento de gasto militar, el blindaje de la frontera sur de Europa para evitar las oleadas de migración provocadas por el desabastecimiento en curso y el intervencionismo militar en Ucrania, que de momento se reduce al envío de armas y entrenamiento de milicias.

Se trata de hacer una política más cruda y abiertamente imperialista, pero que no se distingue en lo esencial de una la política genocida anterior. Una política que lleva décadas convirtiendo el Mediterráneo en una fosa común de hombres y mujeres que migran por tener una vida mejor. Que utiliza a Marruecos y a Turquía como gendarmes para blindar las fronteras europeas. Que condena a cientos y miles de migrantes de América Latina a la extradición o a la muerte, como ha sido el caso del camión abandonado aparecido ayer en Texas, donde se han encontrado 46 personas migrantes muertas.

Una política de intervenciones militares en diversos puntos del globo que se salda con miles de muertos, cientos de miles de desplazamientos y mejores negocios para los capitalistas de los países más ricos del mundo. Una política contra la que no cabe contraponer una diplomacia, también imperialista, entre los mismos gobiernos de los Estados que dependen del expolio global, sino una política independiente que trate de emancipar a los pueblos oprimidos y la clase trabajadora globales, que son quienes pagan el precio de la política criminal del imperialismo.

Frente a esto, y en un tiempo donde se nos impone una nueva carestía y se nos piden sacrificios, el gobierno alberga la cumbre de la mayor organización criminal del mundo y gasta 37.000 millones de euros para blindar la ciudad de Madrid. Un dinero que no encuentra para invertir en recursos sociales, y que no existía cuando de lo que se trataba era de reforzar la sanidad en medio de la pandemia.

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La agenda de la cumbre no deja lugar a ninguna duda: los gobiernos de la Alianza se preparan para pasar a la ofensiva. La demanda histórica de Estados Unidos de que los Estados miembros eleven su gasto militar será atendida como ya anticipan países como el Estado español o Alemania. En este segundo, se acaba de modificar la Constitución para desbloquear un fondo de 100 000 millones de euros y alcanzar así el 2% del PIB para gastos de Defensa, un rearme sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. La lucha contra el imperialismo, y en particular nuestro propio imperialismo, es una de las principales tareas de la izquierda que se reivindica anticapitalista y revolucionaria en el próximo periodo.




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