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Red Internacional

Insólito. Boric y empresarios proponen reducir jornada laboral a cambio de más flexibilidad y precarización

Este martes el gobierno de Boric presentó avances e indicaciones al proyecto de ley que reduce la jornada laboral a 40 horas. Se incluyeron las demandas de los empresarios.

Miércoles 24 de agosto | Edición del día
Imagen: Presidente Boric saludando al líder empresario Juan Sutil. Prensa presidencia

Este martes el gobierno de Gabriel Boric presentó en La Moneda los avances e indicaciones realizadas al proyecto de ley que modifica el Código del Trabajo para reducir la jornada laboral a 40 horas.

La presentación contó con la presencia de los máximos lideres del empresariado, entre ellos Juan Sutil, presidente de la Corporación de la Producción y del Comercio (CPC), Diego Hernández de la Sociedad Nacional de Minería, representante de los empresarios mineros. Además, estuvieron presentes los jefes de las comisiones de trabajo del Senado y de la Cámara de Diputados, respectivamente, el diputado Alberto Undurraga (Democracia Cristiana), y el derechista senador Luciano Cruz-Coke (Evopoli).

Cabe preguntarse a qué se debe tanta “generosidad”. El Diario Financiero, un reconocido medio especializado de la patronal, incluso habló del “beneplácito” de los empresarios al proyecto.

No es casualidad. El proyecto de reducción de la jornada laboral incluye todas las propuestas del empresariado, partiendo por la gradualidad de la implementación a lo largo de 5 años, que el gobierno confirmó: 44 horas semanales el primer año, 42 el tercero y a 40 el quinto.

El proyecto incluye también la exigencia patronal de flexibilidad y adaptabilidad, palabras que en boca de los empresarios significa precariedad laboral, peores trabajos, menos estabilidad, menos derechos, menos beneficios. “La idea es que este proyecto tenga adaptabilidad y sea gradual, y como entró recién esto nos va a permitir ir citando a los actores involucrados para sacar un proyecto bien hecho y que no atente contra el empleo” dijo el Senador de Evopoli, Luciano Cruz-Coke, tras la ceremonia.

El 9 de agosto, Juan Sutil fue al Ministerio del Trabajo con dirigentes de tres centrales sindicales chicas, a los que utilizó para su discurso de gradualidad y flexibilidad, e invitó a “hacer memoria de que hubo una propuesta en un momento dado de 41 horas, que es una propuesta que nace del mundo de los empresarios. Por lo tanto, estamos bastante cerca de lo que en su minuto se hizo como contrapropuesta”. Y donde también apuntó: “Están dadas las condiciones para poder avanzar con la adaptabilidad que corresponde, cierto grado de flexibilidad y con la gradualidad en su implementación correctamente aplicada”.

La reducción de las horas quitadas de la vida para el trabajo siempre es una conquista que hay que celebrar. Sin embargo, hay que preguntarse a dónde nos lleva este proyecto de 40 horas acordado por arriba con el empresariado, ávido de mayor explotación. Es una espada de doble filo, porque conocemos sus intenciones, que están detrás de las demandas de gradualidad y flexibilidad.

El gobierno busca conciliar, haciendo un esfuerzo para mostrar a los históricos enemigos del pueblo como los nuevos amigos de las y los trabajadores. El proyecto había sido presentado originalmente por el Partido Comunista pocas semanas antes del estallido popular, y desde entonces quedó cajoneado en el Congreso. El Partido Comunista, ahora parte del Gobierno, impulsa con todo este acuerdo con los empresarios. Desde la vocera del Gobierno Camila Vallejo, que participó del acto con Boric y Sutil, hasta la ministra del Trabajo, Jeannette Jara Román, ambas del PC, están aceptando entregar las ya precarias condiciones de trabajo del pueblo trabajador en favor de la conciliación con los intereses empresarios.

Los empresarios buscan ir por más. Así lo señaló a la salida del acto el mismo Sutil: “echamos de menos mayor adaptabilidad, como la opción de poder pactar bolsas de horas con todo tipo de trabajadores. Como está ahora redactada la indicación, no daría la libertad de pactar a los trabajadores no sindicalizados”.

Ricardo Mewes, presidente de la Cámara Nacional de Comercio (CNC), también dijo lo mismo: “establecer para determinados sectores, bolsa de horas” y analizar de manera separada las “distintas zonas del país, ya que en el sector turismo los horarios son distintos”.

¿Bolsas de horas? ¿No es lo mismo que los bancos de hora de Piñera? Esos son los inventos de los ingenieros de la explotación laboral que muestran el camino que se está recorriendo con este proyecto, que dice que apunta a la calidad de vida del pueblo trabajador pero en realidad busca aumentar las ganancias de los que vienen ganando desde siempre.

Las Cámaras empresariales ya buscan nuevos argumentos para que la reducción de la jornada sea la menor posible, escudándose en que cada rubro tiene sus propias características, excusas que son mentiras para ocultar el trasfondo de sus intereses.

30 horas y trabajo para todas y todos

El avance de la productividad y la técnica están a años luz de los niveles de cuando las primeras generaciones de la clase trabajadora exigieron las 8 horas y cinco días de trabajo. Pero el empresariado nunca quiere perder, por eso dice que las y los trabajadores somos poco productivos. Pero no es así, dicen eso porque quieren quedarse con todo. Podemos ir por más. Se puede reducir la jornada laboral a 30 horas semanales, repartiendo el trabajo con quienes hoy están desempleados, para trabajar todas y todos, con un salario mínimo de $650.000 que vaya ajustándose con la inflación, sin trabajo inestable ni precario. Todo lo contrario a lo que pretenden los grandes empresarios, los nuevos amigos del Gobierno, que hoy buscan adaptar a la conquista de las 40 horas a sus intereses.


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