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Red Internacional

Biden fue uno de los operadores que atendió la crisis migratoria durante el gobierno de Barack Obama, el “deportador en jefe”.

Bárbara FunesMéxico D.F | @BrbaraFunes3

Lunes 21 de diciembre de 2020 | Edición del día

La separación de familias migrantes y la detención de niños en jaulas fueron algunas de las escenas de horror. Era la brutalidad de Trump, hoy presidente saliente de Estados Unidos que desde su primera campaña electoral desplegó la bandera de la xenofobia, aunque sus propias empresas prosperaron gracias en buena medida a la explotación de trabajadoras y trabajadores migrantes.

Ahora, en la primera llamada oficial entre Joe Biden, presidente electo de EE.UU., y el presidente AMLO, la moderación resaltó. La prensa internacional habla de una nueva etapa para administrar la migración entre los dos países. Pero más allá de una retórica distinta de Biden en comparación con la de Trump, el nombramiento de Cecilia Muñoz como asesora en el tema migratorio no es nada halagüeño.

Esta funcionaria que se sumó al equipo de transición de Biden, cuenta en su haber declaraciones como “Al final del día, cuando tienes una ley de inmigración que se rompe y tienes una comunidad de 10 millones, 11 millones de personas viven y trabajan en los Estados Unidos ilegalmente, algunas de estas cosas van a suceder, incluso si la ley se ejecuta con perfección. Habrá padres separados de sus hijos”, como señala Tatiana Cozarelli en Left Voice, la edición estadounidense de la red internacional de La Izquierda Diario.

Fue Biden en persona uno de los gestores de la crisis migratoria de 2014. Fue uno de los responsables de las más de 1.5 millones de deportaciones realizadas por Barack Obama.

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Ahora, en la conversación que Biden mantuvo con AMLO, el sábado 19 de diciembre, la cuestión migratoria, la contención del Covid-19, el impulso de las economías de América del Norte y asegurar la frontera entre ambos países, son prioridades en la agenda bilateral.

Todo apunta a que los intereses estratégicos del imperialismo estadounidense en México dejen en el olvido la demora de AMLO en reconocer el triunfo electoral de Biden.

El acuerdo que trascendió es buscar las vías para que los migrantes no intenten llegar a Estados Unidos, a través de “lidiar con las causas fundamentales de la migración en El Salvador, Guatemala, Honduras y el sur de México, para construir un futuro de mayor oportunidad y seguridad en la región”, como señala el comunicado oficial dado a conocer.

El panorama es complejo. Con la presidencia de Trump, México se transformó en un país de espera para más de 70 mil personas que solicitaron asilo en Estados Unidos; AMLO creó la Guardia Nacional -integrada por militares, marinos y policías- con la tarea de hostigar y perseguir a los migrantes. Ahora Biden prometió cancelar ese acuerdo, pero es muy pronto para afirmar que lo hará. Con la crisis económica, la pandemia y el azote de los huracanes Eta e Iota, decenas de miles de familias lo perdieron todo y no tienen medios de subsistencia.

La posibilidad de nuevas caravanas migratorias está en el horizonte, incluso ante la rudeza de las autoridades mexicanas y centroamericanas que han hecho de todo para disolver las que se crearon hasta hace poco.

Mientras tanto, es necesario que la clase trabajadora multiétnica de Estados Unidos, junto con la de México y Centroamérica levanten como propias las demandas del cese de las deportaciones, el libre paso de las y los migrantes a través de los países de la región, así como plenos derechos políticos y sociales para todas las personas que se trasladen fuera de sus países de origen.




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